Maria Elena Hellman

Un día con la presidenta regional de la ANEF y vocera de la Mesa de Unidad Social de Ñuble

María Elena Hellman a través del espejo

Por Nicole Contreras

La líder sindical, que no tiene militancia, prefiere el silencio y la tranquilidad del campo. Por medio de su itinerario, que se ha intensificado desde el inicio de lo que ella llama “la revolución de octubre”, revela qué es lo que le permite desdoblarse para liderar cabildos, marchas y luchar por una Asamblea Constituyente.

 

El Club de Exploradoras y Arqueólogas buscaba un cementerio de monjas a fines de los 80. Todas las tardes cruzaban un cerco que separaba dos escuelas que parecían una. La búsqueda persistió durante años hasta que encontraron algunos huesos.

Día 26 de movilizaciones. La marcha se reúne en la Plaza de Armas. María Elena Hellman (51), abogada, presidenta regional de la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), vocera del movimiento No + AFP y de la Mesa de Unidad Social de Ñuble, creada a raíz del estallido social del 18 de octubre, espera el momento para subir al odeón. Cacerolas, tambores, gritos, consignas, envuelven su discurso.

“Compañeros, qué hermosa la rebelión de octubre, qué hermoso que podamos decir la rebelión continúa, que el país sigue vivo. Hoy hemos dado muestra una vez más en nuestra querida ciudad de Chillán que unidos podemos lograr grandes cosas, que el gobierno que hoy está, no nos va a seguir engañando, no le vamos a permitir su jueguito de la famosa Constitución por el Congreso, pedimos una Asamblea Constituyente plena y popular, ahora”, grita como si fuera la agente encargada de proteger a la humanidad de la invasión zombie de Resident Evil, interpretada por Milla Jovovich, y que ocupa el fondo de pantalla de su computador en la oficina de la Comisión Nacional de Riego (CNR) donde trabaja desde hace más de una década como abogada revisora de proyectos. 

“Yo era una niñita feliz. Estaba siempre divagando, hablaba conmigo misma y tenía personajes en el espejo, amigos imaginarios, que en el fondo no lo eran tanto, porque sabía muy bien que me hablaba a mí misma. Mi mamá pensaba que tenía múltiples personalidades”, recuerda sentada en su escritorio de la CNR a las 9.00 horas, antes de comenzar su actividad sindical incrementada desde el inicio de las movilizaciones.

Dos elementos adornan su oficina. Un papel con una frase impresa: “Con humor infinito, el viaje imposible de una tripulación improbable, para hallar a una criatura inconcebible”, que pertenece al análisis de “La caza del snark”, obra de Lewis Carrol, autor de sus libros favoritos “Alicia en el país de las maravillas” y “A través del Espejo”, que leyó a temprana edad y que marcaron su personalidad. El otro: la foto de Mickey Rourke, actor y exboxeador norteamericano, de quien se declara admiradora. “Mickey fue un hombre que a pesar de toda la fama que alcanzó fue rebelde a las reglas de Hollywood”, explica.

María Elena reconocerá que también es rebelde, aunque recalcará muchas veces que nunca quiso serlo. “Hoy la rebeldía es con causa, y siempre lo ha sido. A esto, yo le llamo la rebelión de octubre, que temo que tenga sus altibajos. Hace unos días pensaba que había muerto en cuanto a rebelión, pero de repente veo que los chicos vuelven a hacer sus hazañas, y pienso que a lo mejor continúa. La rebelión es la desobediencia civil que tiene que ver con la violencia contenida del enfrentarse a la autoridad, y eso al parecer, la mayoría de las personas lo confunden, lo ven como un ataque”.

La líder sindical

9.15 horas. Toma su cartera y abandona la CNR para encabezar un conversatorio con Andime (Asociación Nacional de Funcionarios del Ministerio de Educación). Allí les explicará una de las principales demandas de la Mesa de Unidad Social: la necesidad de una Asamblea Constituyente como método para crear la nueva Constitución. Comparte la vocería con Marcela Labarca, de la Coordinadora de Artistas Organizados (Caos) de Ñuble, y Catalina Crisóstomo, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad del Bío-Bío (FEUBB).  

Antes de comenzar la reunión, recibe una llamada de su madre, profesora jubilada de 75 años. Le pide que la acompañe a hacer algunos trámites. Es ahí cuando la líder sindical de mente veloz, que puede hablar horas sin parar, rebatir cualquier posición, renunciar a su partido de toda la vida (PS) por discrepancias ideológicas y golpear la mesa para defender una idea, recuerda quién estuvo algún día detrás del espejo. No olvida que pudo haber sido jueza, notaria, tener un alto cargo, pero que no fue nada de eso. “Mi mamá me suele preguntar por qué soy diferente. Yo le respondo que a mí me hubiese gustado ser igualita a todos, pero no lo fui”. Y, a veces, le pesa.    

María Elena es descendiente de familia judía, su abuelo fue reconocido por dedicarse al comercio con la emblemática joyería y relojería Hellman. Cursó la Enseñanza Básica en el Colegio La Purísima y la Media en el Colegio Seminario Padre Hurtado. Siempre tuvo el promedio de notas más alto de su curso. A su pesar, estudió Derecho en la Universidad de Concepción. Y es que María Elena se declara una arqueóloga frustrada. Su padre consideraba que esa era una carrera con poca proyección económica. “Algunos pensaban que yo iba a ser presidenta de la República. No fui jueza cuando tuve la posibilidad de entrar gratis a la academia, menos estaba dispuesta a apitutarme para ser notario. Al contrario, me fui a ser una abogada penitenciaria, dentro de los cargos más pobres del gremio, el puesto que nadie quiere. Ahí estuve empobreciéndome. Pero es que ya no quería ser el bicho raro, el reloj suizo que fui en el colegio, como me decían”, relata.

Y agrega: “Nunca me la jugué por ese famoso potencial porque no me agradó lo que vi, esa gente que llega a estar tan arriba. Lo que vi de ellos no me gustó”.

Promete a su madre llamarla más tarde. Casi 30 funcionarios la esperan con un desayuno y le dan la bienvenida. “Me permiten primero comerme un pedazo de queque y después empezar a hablar porque me puede dar fatiga, necesito azúcar, que rellene otro por mientras”, pide. Es su sentido del humor, ese que suaviza sus discursos. Mientras ella come, el presidente de Andime lee una carta de la ANEF al ministro de Hacienda y a la ministra del Trabajo.

Comienza. Sin ningún apunte, sin titubear. Una inteligencia de sobreviviente, le llama ella. Les agradece por el compromiso sindical y les advierte: “En esta época, en un año común, estábamos enfrascados en nuestra característica lucha por el reajuste, dirigidos por la Mesa del Sector Público. En las reuniones que hemos tenido en Chillán, erróneamente se ha decidido separar esa demanda de esta gran lucha social. Olvídense del reajuste. Estimados, estimadas, esto no es relevante frente al contexto del país, no podemos estar con mezquindades, pensando cuánto es la chaucha que nos van a subir, o si vamos a tener el famoso bonito de término de conflicto. Hoy estamos por los derechos sociales y por cambiar la Constitución”.

Maria Elena Hellman
María Elena en reunión con Andime, explicando la Asamblea Constituyente.

“De qué se trata la Asamblea Constituyente, se trata de que el poder constituido -Ejecutivo y Legislativo- queda congelado, y retoma el poder delegado sus titulares, que son los sujetos del poder constituyente que recae en cada uno de nosotros. Y, ¿qué diablos es el poder constituyente? ¿Leyeron a Rousseau alguna vez? ¿Leyeron El Contrato Social?”, pregunta sin respuesta.

“Uno de los elementos de ese pacto o contrato social de Rousseau es que yo soy titular de mi libertad, de autogobierno. Este poder constituyente que yo lo entrego a ese poder constituido lo hago bajo una reciprocidad, es decir, yo te entregué el poder para gobernarme bajo ciertas garantías”, les explica.

“Cuando este pacto social representado en una Constitución política no está siendo satisfactorio, se produce esta crisis natural que conlleva a que, si yo entregué este poder, entonces lo debo recuperar porque lo quiero rearmar, renegociar, si quieren usar términos económicos. Así retomo el poder constituyente en este ejercicio popular desde el pueblo, me olvido de la Constitución política vigente, rearmo una nueva y lo hago a través de una Asamblea Constituyente”, profundiza.

“Una versión es que los propios gobernantes se den cuenta de la crisis, que son las asambleas constituyentes que vienen desde arriba. Que digan, oigan, esto se está poniendo feo, la chusma se está rebelando, ¿porque ustedes creen que nos dicen de otra manera?”, cuestiona mientras todos ríen.

“En el ejercicio del gobierno de Bachelet, que fue una jugarreta de poner a la gente en la situación de una Asamblea Constituyente, los activistas que en esa época aceptamos participar en el juego, sabíamos que nos iba a jugar en contra, porque el pueblo chileno en ese minuto no estaba en una crisis real, estábamos en la misma crisis de ahora, pero el pueblo no lo sentía. Cuántos participaron, menos del 5% del electorado, y fue un proceso inventado, más engorroso que ocho, para terminar con una papeleta en que estaban los temas prefijados en un vocabulario que no entendía ni la mitad”, critica.

“Y está el ejemplo de la Asamblea Constituyente desde abajo, donde es el propio pueblo que la autoconvoca pasando a llevar lo que está escrito en la Constitución vigente, por ejemplo, Colombia saliendo de la tremenda crisis que tenían como pueblo por el narcotráfico, y que la siguen teniendo, porque no crean que, por tener una Constitución política maravillosa, la cosa va a ser de película. Para que sea útil, debe tener la alerta permanente del pueblo que, si cae en el letargo y como María Antonieta se sigue comprando joyas y sombreros, por supuesto que nos pueden pasar el gol de nuevo, aunque esté escrito en la Constitución”, golpea la mesa.

“También está el ejemplo de Islandia. El pueblo dice: Sí, Islandia va como bólido, un país ya desarrollado, bla, bla, pero la desigualdad es enorme, hablando en esos momentos. Dijeron no, no estamos de acuerdo con que esto sea para arriba y no para abajo, entonces Asamblea Constituyente. Y los islandeses, que son repocos, se juntaron, yo creo que cabían en un estadio, y se pusieron de acuerdo”, relata.

De pronto todos miran sus celulares. Ven videos de los profesores y alumnos del Colegio Comewealth School que protestan en ese momento por el cierre del establecimiento. “Estimados, en las luchas sociales no se puede estar en todas. Estamos en una autocapacitación, si quieren ir a esa marcha, aquí no está nadie amarrado”, anuncia y todos se disculpan.

“Cuando hay desunión e intereses egoístas de por medio, como el caudillismo que es muy típico en América Latina y en Chile, hay dispersión y los procesos de rebelión se debilitan. Además de otros elementos, que son suigéneris del pueblo chileno, como la viejita pegándole al cabro con la muleta por saltarse el torniquete, por qué, porque a nosotros no nos gusta ver el desorden, a un cabro que le tiró una piedra a una Iglesia o a la municipalidad, nos incomoda. Vienen un montón de prejuicios, y no entendemos el trasfondo, lo que simboliza ese muchacho enfrentándose a la autoridad. Lo que vemos es el cabro tirando piedras, arrancando y las lacrimógenas lanzadas a diestra y siniestra”, analiza.

El trasfondo. María Elena conoció la pobreza en el mercado, a los ocho años, cuando iba a visitar la relojería familiar. “Había muchos niños sin zapatitos. Era una sensación de dolor. Junté la plata que me daban para comprar golosinas e hice un tipo de canasta familiar. Fue mi primer acto de caridad. En la Enseñanza Media estuve pendiente de los extraterrestres con mi grupo de parasicología “La mano negra”. Solo en la universidad le di contenido político, antes tenía el típico pensamiento de quien hace caridad, pero no quiere comprometerse a un pacto social”. María Elena ingresó a los 19 años al Partido Socialista. Después de 33 años de militancia, decidió no reficharse en 2017. “Permanecía por algo romántico, pero ya no comulgaba con cómo se estaba llevando el partido. Me sentí libre, aunque siempre lo fui. Como sindicalista opté por el sindicalismo autónomo. Nunca me quisieron porque no confiaban en mí”, manifiesta.

“El Capítulo XV de la Constitución habla de cómo se modifica, porque es de las más rígidas que hay, incluso se ha considerado pétrea, como una piedra, porque para modificarla, lo dice el capítulo XV de la famosa Constitución de 1980, se requiere de las tres quintas partes de los diputados y senadores en ejercicio, y para cambiar ciertos capítulos entre ellos el propio capítulo XV sobre cómo se modifica, se requiere un quórum más alto todavía; los dos tercios de ambas cámaras en ejercicio. Estamos hablando de quórums altísimos en un Congreso en que tenemos fuerzas dispersas”, y continúa describiendo cada uno de los capítulos.

“Yo sé que esto puede sonar aburrido, estimado, pero así estudié cinco años derecho, la mitad me los pasé bostezando”, recuerda anécdotas universitarias, su apodo de mayonesa. Todos de ríen y retoma sus explicaciones.

“Para lograr una Constituyente real desde abajo debemos tener aglutinada una unidad tan potente, que como en Colombia o Islandia, pase a llevar la letra pétrea de la Constitución. Lo que puede arruinarla, yo le llamé idiosincrasia chilena. Los factores de esa idiosincrasia son múltiples, no es solamente el miedo, es también la apatía, la comodidad, la guatita llena que le han incorporado al pueblo al eliminar el pensamiento crítico de la educación”, recalca.

“El artículo primero dice que el núcleo fundamental del Estado es la familia. ¿Están de acuerdo?”, pregunta. No están muy seguros de cuál es la respuesta correcta, o al menos, la que le gustaría a María Elena. Responde ella.

“¿La familia? Callampa, yo digo el ser humano. ¿Por qué la familia no? Porque es un constructo cultural socioeconómico. Yo sé que esto a algunos les puede caer mal porque adoran a su familia, yo también quiero a la mía. Independientemente de eso, qué fines persigue: socioeconómicos; techo, comida, que te críen y te vas. Y después vuelves como zángano, sigues pechando y te tienen que aguantar. Y qué haces con el viejo o la vieja: que te ayude a criar tus hijos. Ahí lo tienes entretenido porque tiene una pensión miserable. Oigan, esa es la realidad de muchas familias chilenas. Por qué está ahí la viejita y la quieren tanto, porque te está cuidando a los cabros cuando estás trabajando, pero la viejita tendría que estar en el ocio, elucubrando qué fue su vida, lo miserable que lo pasó, o tal vez lo bien, pero la tenemos ahí cuidando al cabro chico que engendró otro”, exclama. Silencio.

Para finalizar se refiere a cómo tienen que actuar los delegados y de incompatibilidades que se deben tener en cuenta en una Asamblea Constituyente. “Imagínense que estuvieran los tontos del Congreso en la Asamblea. Cuando se vaya a tocar el punto del Estado subsidiario, que es la matriz económica, qué crees tú que van a decir, van a estar como locos sustentando que eso no se puede sacar”, menciona.

Todos le agradecen y la aplauden, como si antes hubiesen estado dormidos, como si ahora entendieran el trasfondo. Una foto grupal. Compromiso de ir a marchar al día siguiente. Devolver la llamada. Su mamá le cuenta sobre sus trámites. A ella le hubiese gustado acompañarla. Se compromete a visitarla durante la tarde.

Injusticias carcelarias

12.00 horas. La Mesa de Unidad Social visitará en la cárcel a Carlos Concha, el joven de 18 años que hasta entonces se encontraba en prisión preventiva por presunto porte de artefacto incendiario. Hace unos días, la Corte de Apelaciones revocó la medida. María Elena conoce bien la cárcel, desde 1997 hasta 2002 trabajó en Gendarmería como delegada de libertad vigilada.

Maria Elena Hellman
Maria Elena fuera de la cárcel, tras visitar a Carlos Concha.

Las voceras, lideradas por María Elena, van a hablar con el comandante para hacer la visita de manera extraordinaria y no pasar por la revisión. Es la vocera de más edad, pero las demás sienten admiración hacia ella, a eso que hay dentro de su cabeza, o de una de sus personalidades, la que conocen. Después de rellenar los documentos, esperan a que las llamen. María Elena, algo impaciente, asoma su cabeza por la rejilla. Detrás de ella, una fila de personas, muchos niños, esperando para entrar, ellos tendrán que pasar por la revisión.

“Esperamos ser un apoyo para Carlos, que él sienta que estamos pendientes de lo que le suceda, que sepa que hay una gran cantidad de ciudadanos chillanejos a favor de su situación, y darle tranquilidad”, dice María Elena.  

Llega la madre de Carlos, que llora. María Elena intenta tranquilizarla y le dice que confíe en la Defensoría Pública. No es una situación de tranquilidad, Carlos lleva dos semanas en prisión preventiva, va a ser padre en cuatro meses y está a un mes de licenciarse de cuarto medio.

“Si alguien conoce a una persona que sepa técnicas de meditación y relajación, que venga como visita para ayudarle con el estrés en el que se encuentra. Él está encerrado físicamente pero su cabeza también está atrapada aquí, y eso le hace pésimo porque es un chico de 18 años”, solicita María Elena a la multitud de jóvenes que piden la libertad de Carlos. Comienza la visita.

Al salir, la única que no parece afectada es ella. “Yo lo noté bien entero, tranquilo, estaba calmado, lo que más le apena es no poder comunicarse permanentemente con sus padres, llamarlos, porque es un tema de plata también, lo que vamos a hacer es dejarle dinero a la mamá”. Comienzan una colecta.

“Tengan confianza, su hijo es bien inteligente y él sabe cómo asumir esto, estas experiencias lo van a hacer más fuerte”, les asegura a sus padres.

Cuando ellos se marchan, María Elena dice: “Sabemos que está angustiado. En apariencia, por sus dichos y la impresión que nos da, es un chico inocente, tanto en términos políticos como en lo que le están imputando, así que creo que por eso mismo le pasó lo que le pasó. Al final lo están utilizando para lo que sabemos, para tener un chivo expiatorio, y decir que en Chillán los muchachos se preparan con armas para atacar a la autoridad. Ustedes saben que eso no es así, a lo más los cabros que se enfrentan a los carabineros tienen basura para quemar o piedras para tirar, estamos hablando de muchachos que responden a la violencia desmedida, ellos no la generaron”, sentencia.

Y como conoce muy bien el sistema penitenciario, lo cuestiona: “¿Quiénes están aquí? ¿Los estafadores, los de cuello blanco? Esos están todos libres. La gente que está aquí es la que roba, la que hace microtráfico, y que ha vivido en la marginalidad que nosotros hemos producido con este sistema capitalista”.

Y le envía un mensaje al intendente, pues la Intendencia interpuso la querella: “El emplazamiento a Arrau es a utilizar el criterio, que se dé cuenta que lo que está haciendo responde a la peor de las alternativas. En vez de responder con paz, lo hace con ataque, con la violencia jurídica”.

El lado b de la actividad sindical

 

14.30 horas. Reunión con la Mesa del Sector Público para definir la marcha del día siguiente y compartir posturas. En el trayecto, María Elena sigue pensando en dos cosas: en Carlos, en la culpa que tiene la sociedad por no haberlo preparado políticamente y haber sido un blanco fácil para caer en esa situación, y en su madre, en que debe visitarla. Hoy no tendrá tiempo de almorzar. También recuerda a su hijo de 22 años, que no ha almorzado en casa con él hace varios días. Asegura que lo crio en libertad, sin límites a su intelecto, y consecuente. En su casa de campo, por la que se endeudó, es donde está su refugio: sus cuatro gatos, su huerta y lo más importante: el silencio. “No lo creerían, pero soy antisocial, tener a la gente pegada todo el rato me sofoca”, revela.

La reunión es en el Colegio de Profesores. Asisten diversas organizaciones gremiales de Ñuble. María Elena sale a contestar un llamado. “Lo primero es que esta cuestión de la Mesa Social con la que todos estamos de acuerdo, nos tiene harto opacados, mientras nosotros más nos acercamos, más invisibles somos”, dice uno de los dirigentes.

Otro agrega: “Independiente que todos estemos de acuerdo con la Mesa Social, aquí se tienen que ver los salarios, la gente no nos escogió para ir a marchar por la Constitución, sino por mejoras económicas, y eso hay que dejarlo claro”. Suavizan el discurso, y al regreso de María Elena, se lo dicen.

María Elena responde sin que ningún músculo de su cara se mueva. Como si fuera Milla Jovovich contra la invasión zombie, quien sabe que perderá todas las batallas, pero que ganará la última. No lo sabe, pero se define como estratégica. “Nosotros hace rato ya no estamos preocupados del tema del reajuste, todos nuestros estamentos están enfocados, sin perder el norte de nuestras problemáticas internas que incluso en los cabildos las hemos discutido, en esta lucha de hoy”, subraya. Algunos la apoyan.

Se despide. “Como vocera de la Mesa Social de Ñuble quiero hacerles la invitación una vez más para que sin perjuicio de lo que se ha dicho acá, participen como dirigentes de los grupos que representan en la Mesa para que se enteren de cómo se está organizando, de cómo se están realizando los cabildos, para que sirva de algo el trabajo que se está haciendo hoy. Además, ponemos a disposición las presentaciones que tenemos sobre la Asamblea Constituyente”, invita.

El silencio y la literatura

María Elena conduciendo La Garza Revista
«El mundo rural se está quedando fuera de este estallido, pero porque la conectividad no es buena, incluso el acceso a las redes sociales es limitado, y eso los deja al margen» es parte del diagnóstico que hace María Elena respecto de la «rebelión de octubre».

16.00 horas. Regresa a su oficina, debe terminar el trabajo pendiente. “Afortunadamente, como soy dirigente gremial de base, tengo 22 horas de uso gremial más 11 horas que me da la ANEF como dirigente regional, entonces son 33 horas semanales que la ley nos permite utilizar para efectos de materias sindicales, y gracias a eso me muevo en esto, sino hace ratito que hubiese dicho chao”, asegura. Hace años, confiesa que fue perseguida por sus jefes, pero destaca que bajo la coordinación de Javier Ávila (RN) no ha tenido ningún inconveniente.

Sobre la reunión solo sentencia: “Si este movimiento, si esta rebelión de octubre falla, no será por los jóvenes, sino por nosotros, los adultos. Sin unidad no se logrará nada”. Ya no sabe si marcharán a día siguiente, vislumbra que tendrán que esperar la marcha del martes 12.

Ya en su oficina, comienza a trabajar. “Nosotros atendemos consultores, hacemos la parte de revisar los proyectos que llegan para la ley de fomento de riego y drenaje, somos los que lo evaluamos y luego se van a decisión a Santiago. Nuestra labor no es muy visible, pero es importante para el mundo agrícola”, explica sobre su trabajo.

“El mundo rural se está quedando fuera de este estallido, pero porque la conectividad no es buena, incluso el acceso a las redes sociales es limitado, y eso los deja al margen. Además, el nivel de educación de la gente sobre los 50, es de octavo básico, entonces qué le vas a hablar de las complejidades que estás escuchando hoy. Se constituye en una desventaja para aunar fuerzas respecto de un tema, aunque la parte urbana de las comunas rurales está bastante movida. Por eso es importante que en la Asamblea Constitucional demos la misma cantidad de representantes a todas las comunas”, considera.

Ella sabe que puede estar dentro de una esfera social privilegiada. “Yo no he ganado poca plata en la vida, sin embargo, no tengo un peso ahorrado. Yo tengo como un desprecio por el dinero y esa ha sido mi perdición porque al no darle una valoración real, he tendido a gastármelo”, confiesa.

“Más que ser dirigente sindical yo soy una activista, con apellido, porque soy de izquierda, socialista libertaria, tengo una mirada ideal del autogobierno, de la anarquía, no usamos el término para que no nos tachen de locos, pero ese es nuestro ideal, que la gente se autoeduque y seamos capaces de autogobernamos en pequeñas comunidades amigables con el medio ambiente. Yo no estoy por la abolición de lo privado, pero no exageres, no puedes creerte el dueño del mundo ni tener la ostentación de la riqueza como hoy. La globalización nos comió a todos, entonces cuando yo lanzo la pregunta, ¿hay otro sistema económico al que podamos llegar que no sea el capitalismo? Cómo vamos a hacer tan miopes, tan conformistas”, cuestiona.

– ¿Qué es lo que inspira su lucha?

– Yo diría que sería un cliché decir la justicia social. Lo que me inspira es que a mí de chica me enervaba el abuso, el que otros se creyeran mejor que otros, aunque lo fueran, pero el hecho de que lo impusieran era desagradable. Yo les decía a unos compañeros con los que me junto a hablar de política, que mi epitafio iba a decir siempre fue minoría, que eso iban a poner en la lápida, después dije no quiero lápida, quiero que me cremen, no quiero ocupar un espacio, ya ocupé tanto espacio estando viva no quiero ocupar un espacio estando muerta.

– Si prefiere el silencio ¿Qué pasa cuando marcha?

– Es otro momento, es otra vida, es la vida que opté por seguir, es como que místicamente me encarno. Ahí soy lo que todos esperan que sea.

-Porque la he visto rodeada de gente todo el día…

– Sí, pero yo ansío cada minuto que está pasando llegar a mi casa en silencio. Ahí ya no hablo más, con el Nico, mi hijo, hablo lo justo y necesario el día de semana, además el cabro es muy parecido a mí en eso, y mis animales son todos silenciosos, incluso cuando empiezan los perros a ladrar me molesta mucho, yo por eso me llevo mejor con los gatos, yo me parezco a un gato.  Yo soy muy difícil para la convivencia, de hecho, me casé por un experimento nada más, porque quería ser como los demás, tener hijos, marido, etc., pero no era lo mío. Me siento bien en silencio, además la mente me funciona mucho.

– ¿Qué debería hacer Sebastián Piñera para salir de la crisis?

– Debería ser inteligente y tomar por lo menos una de las grandes temáticas y jugársela. Previsión social, que no requiere cambio constitucional, que derogue el decreto ley número 3.500 y arme un nuevo sistema de previsión digno, que por lo menos tenga una tasa de reemplazo fija conocida previamente, que tú con tantos años de cotizaciones sepas a lo que vas, que es la propuesta nuestra.

Uno de sus colegas entra y le formula una pregunta jurídica para un consultor. María Elena ya quiere ir a su refugio en el campo. Son casi las 19.00 horas. Hoy no irá a marchar, tampoco irá a su casa de inmediato. Visitará a su madre, como se lo prometió. “Mi madre fue muy estricta con los horarios, las juntas, pero ella era muy intelectual, entonces me dejó libre en ese aspecto y esa fue mi perdición”, dice.

La literatura también es parte de su vida. Escribe cuentos desde los siete años, ya tiene suficientes para publicar un libro. Se llamará “Cuentos zurdos”. No es por su tendencia política, no es por espejo que la muestra liderando asambleas o marchas, es por lo que hay al otro lado. “El zurdo en su época, a principios de siglo XX, era mal visto, lo obligaban a escribir con la derecha, le amarraban la mano para que empezara a hacer todo con la derecha. La compilación se llama así porque expresa cuestiones que la mayoría no quiere decir: marginalidad, fenómenos, gente rara, eso está en mis cuentos, escritos por alguien que es un poco freak, un poco fenómeno”, explica.

Última pregunta: – ¿Qué es lo que más le ha afectado en estas manifestaciones?

– Los cabros, ver cómo se enfrentan a los pacos en esa desigualdad de condiciones, no dejan a la gente soltar ese grado de violencia que todos tenemos, qué importa un semáforo, una pendejada de basurero, cuando te han estado humillando y utilizando décadas, siglos, para qué, para oprimirte, para abusarte, para que seas esclavo de otros que tienen más capital y más provecho. Cuando yo veo a estos muchachos saltando el metro, haciendo una barricada con basura, me palpita el corazón porque quiero estar ahí pero no puedo.  

BONUS 1: Acuerdo por la paz social y una nueva Constitución

 

A las 3 de la madrugada del viernes pasado, los partidos políticos redactaron un acuerdo por la paz, anunciando la votación de un plebiscito para reformar la Constitución. María Elena, como presidenta de la ANEF Ñuble, analiza lo que califica como “un engendro”.

“Reconocemos que hay un avance, se ha logrado gracias a la movilización que estas cúpulas reconozcan la necesidad de legitimar el proceso constituyente a través de un plebiscito que consulte a la ciudadanía si quiere o no cambiar la Constitución. Pero ese es el primer desacuerdo, el plebiscito era para definir cuál era la modalidad de cambio, no había que estar preguntando si se quiere cambiar o no. Ellos están apostando que van a ganar ahí, que la gran mayoría va a decir no a la primera”, enfatiza.

“Hacen un juego de palabras. Cambian de una manera arrogante el término Asamblea Constituyente o Convención Constituyente por la de Convención Constitucional. Eso semánticamente tiene mucha relevancia, pero como siempre piensan que nadie entiende nada. En la segunda opción, la Convención Constitucional que sería la elegible, en la que el 100% está constituida por personas elegidas por la base, resulta que estas personas pueden ser cualquiera, también ellos. Las incompatibilidades las formula el acuerdo, pero no aclarando qué pasa si renuncian, porque los tipos podrían manejar la situación y renunciar un tiempo antes de la elección”, evalúa.  

Y agrega: “Hay un elemento en ambos casos clave que no está o por lo menos no lo explicita: la participación ciudadana. ¿Dónde está? Está reducida a elegir a estos pericos. Dónde está el ejercicio ciudadano en que yo digo lo que pienso respecto a las materias constitucionales. Lo único que estos individuos, los delegados, hacen, es ser voceros por decirlo de alguna manera, ellos llevan lo acordado en el territorio respectivo. Yo planteé que debe ser uno por comuna, porque no tenía relevancia que fueran dos o tres. El tipo no es más que un vocero que lleva lo que se acordó a esta gran Asamblea Constituyente. Si no es así, la distorsionamos porque lo que se dijo en la comuna, el tipo lo puede entrar a negociar en la asamblea plena, y se pierde la voluntad popular, constituyente, como pasa hoy en el Congreso.

BONUS 2: Marchando a través de los espejos de la infancia

Ha tenido asuntos que resolver con su madre lo que le ha imposibilitado volver a marchar. También dice que tiene que recuperar energía; participa en promedio al menos de dos cabildos o asambleas diarias. Pero es el día 26 de las movilizaciones, paro nacional. Allí está sosteniendo el lienzo de la ANEF y No + AFP. Antes de comenzar, una dirigente de otro gremio le advierte que no quiere encapuchados. María Elena se molesta. Y mientras marcha, recuerda por qué está ahí.

Maria Elena Hellman marchando La Garza Revista
María Elena dando arengas en la marcha.

“Cuando era una estudiante me hubiese gustado estar ahí, en la lucha, pero no lo hice por temor a perder la carrera. Muchas veces no fui la que tiré las piedras y las molotov, como mi compañera que le decíamos la Rambo, porque yo no tenía los cojones. Admiro a estos jóvenes y a los de la historia, yo nunca tomé una piedra ni se la tiré a nadie, pienso en que si lo hiciera quizás qué monstruo sería, cada cual está en lo que está. No es que yo sea pacifista, pero hoy mi herramienta es el verbo, la palabra”, reflexiona.

“El pueblo, el pueblo dónde está. El pueblo está en la calle pidiendo dignidad”, grita y alza su puño. Sabe llevar la marcha; cuando tiene que detenerse y esperar, cuando debe apresurarse. Libertad esquina Sargento Aldea. Colegio La Purísima, rayado con consignas. La emociona. “Yo inventé el Club de Exploradores y Arqueólogos. Éramos ocho niñas en busca del cementerio de las monjas de La Purísima. Lo buscamos casi toda la básica. Estaba en la ex escuela, porque cuando yo estudié había colegio y escuela de beneficencia. Según los planos originales del convento, en ese sector que habían vendido las monjas a una empresa, había estado el cementerio. Sé la historia porque la tía de mi abuela fue la superiora del convento, y mi abuela me lo contó. Lo único que encontramos fueron unos huesos, pero después nos dimos cuenta que eran de un perro”, relata.

“Siempre quise estudiar Arqueología, desde que era chica estaba buscando cuestiones en el suelo. Quería investigar, rescatar a través de las pruebas tangibles, la historia. Un arqueólogo es el que investiga y busca los hechos tangibles que prueben la especulación de la historia, entonces utilizamos otros elementos para poder llegar a las conclusiones, y saber cómo existió, eso quería ser yo. Me gustaba mucho la arqueología bíblica. Pese a que no soy cristiana, sí he pasado muchos años en búsqueda de lo místico”, se emociona, como si realmente fuese una arqueóloga. Y es que, dentro de su infancia, lo fue.  

Al titularse de abogada, quiso retomar el sueño de la Arqueología. Fue al Consulado de Israel en Santiago, para estudiar en su tierra de origen, pero le exigían convertirse al judaísmo, por lo que lo rechazó. Buscó universidades en regiones, pues detesta Santiago. Llegó hasta Antofagasta, pero finalmente nunca crearon la carrera. Así se resignó.

Pero la búsqueda fallida del cementerio entre los siete edificios antiguos la hizo encontrar otras cosas: la desigualdad. Aunque el sentido lo hallara mucho después. Sucedió cuando las religiosas las descubrieron y les pidieron explicaciones. Ella amparada en su buen comportamiento culpó a las niñas de la escuela. “Yo tenía espíritu criminal. Le dije, madre no, son las de la escuela, ellas son las que se cruzan, nosotras nunca hemos hecho eso, y le imputé todo a las pobres niñas de la escuela, que jamás en su vida habrían tenido agallas para hacer eso porque estaban con beneficencia, lo que era una cosa muy terrible, si Chillán era enfermo de clasista”, recuerda.

“Me acuerdo que las niñas de la escuela miraban a las del colegio por un cerquito de madera, y cuando uno se acercaba te escupían porque obviamente había odiosidad. Yo fui a hablar con una y me escupió, yo no entendía cuál era la diferencia, entonces les tomé mala”, confiesa. Tampoco olvida cuando un niño le restregó el helado en la cara. “Me dio rabia porque eran los mismos niños a quienes les daba cosas. No entendía. Una vez para que no lo hicieran me metí todo el helado en la boca y mi amiga les pegó”.

“Había toda esa dinámica producto de la crianza que teníamos, si en mi familia jamás se habló de un tema político. Cuando fui entendiendo muchas cosas, dije qué terrible, me pasé toda la Enseñanza Media en un mundo de Bilz y Pap inventando el club de La mano negra, buscando espíritus mientras en este país desaparecía y moría gente, después honré ese tema con unos cuentos en la universidad referidos a los detenidos desaparecidos”, se cuestiona.

La marcha dobla por Avenida Argentina, le informan que todavía hay personas que están saliendo desde la Plaza. Se emociona otra vez. Avenida Argentina esquina Maipón. La casa donde se crio.

“Cuando chica me iba al fondo, al patio, donde terminaba la forma de L de la casa. Habían dejado un margen con la casa que seguía, y yo siempre miraba por allí, mi abuelo guardaba las escaleras ahí. Juro que yo veía una luz al final, entonces pensaba que continuaba al otro lado. Y yo decía si al otro lado hubiera otra versión de mi casa, otro Chillán, y pudiera llegar a otro Chillán desde el otro lado, donde siempre hace calor, donde siempre hay sol, porque a mí me deprimía el frío. Creo que ahora en honor a mi infancia voy a escribir cuando tenga tiempo ese cuentito”, promete.

La escritora detrás del espejo buscando salir: “Todos creían que iba a ser una gran escritora, pero no lo he sido, no me gustan las expectativas. Mis padres pensaban que iba a recibir el Premio Nacional de Literatura. Mi mamá todavía guarda mi primer cuento”, dice.

Maria Elena Hellman La Garza Revista
«…los encapuchados hoy y siempre serán la manifestación radicalizada en contra del abuso y del poder constituido, arriba la juventud, arriba Chile» fueron algunas de las palabras que María Elena dio ante la multitud.

También escribía y dirigía obras de teatro. Ganó un premio nacional mientras cursaba cuarto medio, y la obra fue publicada en un libro de Ministerio de Educación. De niña ella tenía una compañía de teatro, donde el reparto era su hermana y una vecina. Ambas menores que ella. “Les pagaba con billetes rosados. Una vez hicieron huelga, pero les ofrecí más billetes y se quedaron”, recuerda.  

En esa cuadra María Elena le grita a una señora mayor: “¡No + AFP!”. “La conozco, estos son mis barrios, es la mamá de una amiga”. Todavía puede ver la marcha pasar por calle Libertad. Aplaude los carteles de quienes salen a la calle y rechazan las AFP.

La marcha vuelve a la plaza. María Elena cifra los asistentes en 10 mil, aunque piensa que son más, pues aún no llegan todos. Se prepara para subir al odeón, más conocido como el gallinero. Y allí deja atrás a la María Elena de la tranquilidad del campo, la escritora, la antisocial, la abogada de la CNR, y aparece la creadora del Club de Exploradores y Arqueólogos, la líder sindical que nunca tiró una piedra, pero que deslumbra cuando toma el micrófono, la que los jóvenes que ya no confían en la política, siguen.

Ya aplaudió a la rebelión. Ahora a quienes la iniciaron: “Apoyamos completamente a los jóvenes secundarios y universitarios que iniciaron la rebelión de octubre, que dieron la cara y que solo se la taparon porque les tiraron lacrimógenas y balines, por eso los encapuchados hoy y siempre serán la manifestación radicalizada en contra del abuso y del poder constituido, arriba la juventud, arriba Chile”, grita.

“Es que de verdad admiro a los jóvenes, porque yo no me atreví”, dirá luego de bajar del odeón, volviendo a su estado normal, a ese que no le gusta el ruido y prefiere el silencio.

– ¿De dónde saca esa energía?

– Me desdoblo.