Dibujo pandemia escuela rural
Dibujo que expresa cómo se han sentido los niños y las niñas durante la pandemia, hecho por una estudiante de escuela rural.

Las brechas de la educación a distancia desde una escuela rural

Por Dominique Soriagalvarro y Nicole Contreras

Ñuble presenta la tasa de ruralidad más alta de Chile y un 40% de sus establecimientos educacionales son de carácter rural según cifras de la Seremi de Educación. Profesores y alumnos explican cómo las escuelas rurales se han adaptado a realizar clases en pandemia para cumplir con las exigencias del Mineduc en una región donde la tasa de conexión fija a internet está bajo el promedio nacional.

Advierten que las diferencias en el acceso aumentarán las desigualdades entre los estudiantes del campo y la ciudad, pues la señal que llega a los celulares de sus alumnos – o a los de sus padres – solo permite utilizar WhatsApp.

-Profesor, espere. Se me soltaron los chanchos, voy y vuelvo. 

-No se preocupe. Vaya a darles de comer a los cerditos y los guarda. 

Es el diálogo que el profesor Alfredo Vargas, encargado de la escuela El Chamizal de El Carmen, ubicada a 25 kilómetros del centro de la ciudad, recuerda que sostiene a menudo con uno de sus alumnos mientras realizan clases vía WhatsApp. 

Con sus otros seis estudiantes, ocurren situaciones similares, solo cambian los animales o el tipo de responsabilidades.

“No estamos en nuestro lugar normal de trabajo, que era la escuela, sino en la casa. Entonces a veces hay situaciones emergentes, lo importante de esto es que tiene que haber adecuación, flexibilidad y un ritmo que les permita a los niños no tener una sobrecarga de trabajo”, analiza Alfredo. 

Pero el principal problema para las escuelas rurales con la implementación de la educación a distancia impuesta por la pandemia de Covid-19, no son las interrupciones en las clases a causa de los quehaceres en que los niños deben ayudar en el hogar, sino el acceso a ellas mediante internet. 

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La Región de Ñuble tiene la tasa más alta de ruralidad del país. De acuerdo a la medición del último Censo, alcanza un 30,6%. En tanto, según datos de la Seremi de Educación, existen 207 establecimientos rurales, lo que se traduce en una matrícula de alrededor de 13 mil estudiantes.

“Sabemos que en nuestra región cerca de 40% de los establecimientos son de carácter rural o no tienen conexión regular a internet, por lo que a través del programa Aprendo En Casa hemos logrado llegar con herramientas para que todos los estudiantes de Ñuble puedan continuar con estos aprendizajes”, explica el Seremi de Educación, Daniel San Martín. 

“No me he podido conectar a mis clases porque no tengo internet y la señal del celular es malísima”, dice Carmen Rosa Flores.  Tiene doce años y cursa 7° básico en el colegio particular subvencionado Divina Pastora de Yungay. Pese a que su establecimiento educacional se encuentra en la ciudad, ella vive a más de 10 kilómetros de la zona urbana. No existen recorridos de buses, si quieren salir deben pagar un taxi o caminar más de una hora. 

Carmen explica la forma en que haces sus tareas: “Solamente funciona el WhatsApp, si tengo dudas no puedo buscar en internet. Yo conecto un cable USB desde el teléfono al computador y ahí descargo las tareas y las imprimo. Luego le sacamos una foto y se la mandamos al profesor. Yo empiezo a estudiar a las 10, después me doy un descanso para almorzar, y sigo con las tareas hasta las 5 de la tarde”, describe. 

Su madre, Jacqueline Jeldres, relata el esfuerzo que tuvieron que hacer como familia para adquirir una impresora. “Mi marido ya es adulto mayor, él hizo leña y la vendió en su carretela para poder comprarle una impresora y que ella no quedara atrás con sus tareas. Pero igual está quedando atrasada porque no tiene internet”, revela. 

Y precisa: “Yo he preguntado si nos pueden instalar internet acá, pero no hay ninguna compañía que lo haga, dicen que no porque no pasan la línea de la carretera. Recorrí todas las empresas preguntando”.  

Carmen comenta que “esta semana tengo tres tareas importantes, el resto es completar guías y líneas de tiempo. Una es de una guía evaluada de matemática, la otra es una prueba de un libro en y la última de historia, que es un repaso y va con nota”. Su asignatura favorita es lenguaje y su deseo es ser profesora de esa disciplina. 

Su madre la apoya. “Ella es bien ordenada con sus cosas de colegio, salió muy inteligente, yo le digo que tiene que echarle la pierna encima. Ella dice que quiere ser profesional así que hay que apoyarla”, asegura. Sería la primera de su familia. 

“Carmen tiene una enfermedad en que se enfría su sangre y se desmaya, no puede pasar pena ni angustia, por lo que tenemos que cuidarla mucho y que no se contagie”, dice Jacqueline.

Su hija concluye: “En la escuela era todo más fácil, porque si tenía una duda alzaba la mano y la resolvía, ahora es más difícil por esto del internet, y aunque los profesores tratan de ayudarme la comunicación es difícil, me canso más”.

El acceso a internet y la brecha educacional 

Joel Ibarra, presidente de la Asociación Gremial de Informáticos de Ñuble, asegura que “somos la región que menos tiene acceso a tecnología o a conexión a internet. Si bien somos una región nueva, desde que nos pueden evaluar por separado de Concepción, nuestras cifras son muy malas. El año pasado según la subsecretaría de Telecomunicaciones, solo un 30% de los hogares de Ñuble tenía conexión fija, cuando el promedio nacional es sobre el 50%. Hay una brecha de desigualdad bastante importante que marca una diferencia notable para efectos del desarrollo de la región”. 

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La Asociación Gremial de Informáticos de Ñuble asegura que hay sectores rurales de San Ignacio, Yungay, Trehuaco, Ránquil, El Carmen y Pinto donde hay escuelas unidocentes sin acceso a internet. Fotografía referencial.

Ibarra precisa que “puede que no se aprecie con tanta nitidez esa realidad porque Chillán sí supera el promedio nacional de conexión a internet, pero el resto de las comunas no. Tenemos mucha ruralidad y dispersión geográfica, y eso ha traído un problema para todos esos lugares porque no hay cobertura”.

La Subsecretaría de Telecomunicaciones trabaja en convenio con la Empresa WOM para instalar fibra óptica en 16 comunas de la Región, pero el proyecto entrará en operación total en 2022.

Ibarra considera que “sabemos que hay comunas que ya cuentan con fibra o que están trabajando para aumentar la cobertura, pero no con la suficiente rapidez con la que nosotros quisiéramos”. 

“En el área educacional, los que tienen acceso a internet se conectan y participan de las clases, pero la gente que está en sectores más rurales no tiene ni computadores. Las comunas menos conectadas serían las más alejadas de los puntos más poblados: sectores de San Ignacio, Yungay, Trehuaco, Ránquil, incluso comunas cercanas a Chillán como El Carmen y Pinto que son muy grandes y tienen sectores rurales donde hay escuelas unidocentes sin acceso a internet. Eso marca las posibilidades que tienen los niños de surgir con una educación de calidad”, advierte.   

“Existen brechas enormes entre gente que está muy bien preparada no solo en temas tecnológicos, sino en todo el ámbito educacional, y la que se quedó atrás no por menos capacidades sino porque no tuvieron más opciones. Eso produce una brecha grande en términos educacionales, después en términos profesionales, y en el fondo en la vida misma, que es la desigualdad que vemos hoy en el país”, concluye.

El gremio trabaja actualmente en una campaña de recolección de equipamiento computacional en desuso para reciclarlo y donarlo a escuelas que puedan requerir ayuda. 

El profesor e ingeniero en informática Nelson Miranda, miembro de ONG Sello, que desarrolló la campaña «Dona tu PC» en Ñuble entre el 2018 y 2019, explica que: “Hay dos conceptos; uno es la cobertura de internet y el otro el tipo de internet que tienen los estudiantes. Hoy la mayor parte de las conexiones son vía celular donde generalmente tienes redes sociales libres y planes de datos. Los colegas se han encontrado con que las familias dicen que tienen paquetes de datos limitados, así que se les termina el internet en una o dos semanas”. 

Miranda precisa que “se gastan todos los datos si es que mandan videos, o si los envían a un sitio web a navegar y tienen que descargar archivos, sobre todo para los estudiantes que están fuera de las áreas urbanas. La penetración de internet en la parte rural no es menor, pero en general es vía celular y con datos limitados, lo cual ha obligado a los profesores a comunicarse con sus estudiantes vía WhatsApp y optar por enviar guías por este medio, o establecer un sistema para que las vayan a buscar o ir a dejar los materiales a la casa de los estudiantes que tengan problemas”.

“En un principio se imaginaron que los alumnos iban a poder sentarse frente al computador, ver videos, resolver guías y hacer un curso en línea, eso no es posible”, recalca.  

Miranda analiza que “para las empresas hay un tema de viabilidad técnica en la ampliación de sus redes, y una variable financiera, porque hay que instalar una antena que es una inversión no menor si se evalúa su costo versus los potenciales clientes y los planes a los cuales van a acceder. Por esto constantemente distintas organizaciones han hablado de la necesidad de que el Estado sea proactivo en la ampliación de las coberturas de internet, incluso que se considere como un servicio básico, que tenga tanta prioridad como luz, agua y alcantarillado”. 

Daniel Sepúlveda, director regional de Corfo reconoce que “estamos en conocimiento de que en Ñuble tenemos brechas en materia de digitalización, específicamente en lo que tiene que ver con la falta de infraestructura digital, que permita establecer una conexión óptima para los requerimientos cada día más exigentes y necesarios. También tenemos bajo alfabetismo digital, por lo que se hace muy pertinente contar con planes de educación en este ámbito, tanto en niveles escolares como para el resto de la comunidad”. 

Sepúlveda asevera que los esfuerzos de Corfo se centrarán en Turismo y Salud. “Durante 2019 realizamos un taller en el que participaron representantes de distintos sectores, como cultura, energía, privados, académicos y sociedad civil; para analizar y hacer un diagnóstico de cuáles eran las principales necesidades de Chillán en materia de digitalización. A partir de esta reflexión, más el trabajo liderado por el equipo del Programa Chile Territorio Inteligente de Corfo, se obtuvo que las áreas en las que trabajaríamos en Chillán serían Turismo y Salud”, comenta. 

Para las comunas de Ñuble, especialmente las cordilleranas donde la señal es limitada, asegura que el trabajo está en manos de la Subsecretaría de Telecomunicaciones a través del convenio con WOM. 

Nelson Miranda advierte que “nos vamos a encontrar desde estudiantes que no tuvieron acceso a los materiales para seguir sus clases en línea, hasta aquellos que teniendo acceso era deficiente e intermitente, y eso significa que el próximo año en términos pedagógicos debiera ser de recuperación y nivelación”. 

El seremi de Educación explica que “desde el Mineduc estamos trabajando en un plan pedagógico para cuando se produzca el retorno a clases, que incluye un diagnóstico y nivelación. En una primera instancia se medirá el nivel de aprendizaje de los estudiantes y su estado socioemocional y se definirá un tiempo, que dependerá de cuánto se extienda esta crisis sanitaria, para abordar los contenidos fundamentales perdidos con el objetivo de reducir estas brechas de aprendizaje”. 

Además, precisa que se determinó que los establecimientos educacionales realicen una priorización de contenidos. “Al mismo tiempo se está trabajando en una adecuación curricular ya que sabemos que será imposible abordar todos los contenidos en un año tan irregular, por lo que se priorizará las unidades de aprendizaje más importante por cada nivel y asignatura que deberían ser cubiertos este año”, explica.

Enseñar en tiempos de pandemia en una escuela rural

Marcia Llanos es profesora encargada de la escuela básica Camilo Henríquez, en la que estudian 82 niños que en su mayoría viven en sectores rurales como Las Mariposas o Los Barriales. Pese a las dificultades, ella enumera algunos beneficios que ha traído la educación a distancia, el principal: conocer la realidad de sus alumnos. 

“Viven muy lejos, unos caminos de tierra que yo creo que todavía hay gente que ni siquiera imagina que aún en estos tiempos pase. Son lugares muy lejanos, entonces solamente nos podemos comunicar con un WhatsApp y cuando el apoderado o alumno tiene conexión”, describe la docente. 

Marcia revela que ha conocido los sectores en que viven sus alumnos cuando van a entregar guías a quienes no tienen internet. Precisa que “la escuela está ubicada en el kilómetro 10 y hay un niño que vive en el sector de Los Barriales y otros en una villa que se llama El Mirasol que está en el kilómetro 14, pero estamos hablando de la carretera y ellos viven hacia adentro por un camino de tierra. Tenemos que entrar unos 10 minutos en auto, eso es lejos”. 

Esto hizo que ella y sus colegas reflexionaran sobre la realidad que enfrentan los niños que viven en el campo. Asegura que la escuela es “una familia” y que esta experiencia les servirá para estar atentos a situaciones que no veían. 

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«Los niños no tienen conectividad, ni siquiera acceso a un celular en plena era moderna. Todavía tenemos la esencia del niño rural” asegura Marcia Llanos, docente de la escuela Camilo Henríquez. Fotografía referencial.

“Nosotros pensábamos:  y este niño cómo lo hace, porque si el bus de acercamiento lo deja afuera del camino, camina todo esto. Recién ahí yo vine a visualizar la lejanía donde vivían, y uno se pone a pensar que con razón el niño llega tan tarde. Había cosas que se me iban porque hay tanto por hacer en la escuela”, reconoce.

La profesora asegura que la realidad de sus alumnos les demostró que sus expectativas de hacer las clases en pandemia a través de una plataforma virtual tendrían que adaptarse al contexto de cada uno de ellos.

“Esta pandemia nos pilló de sorpresa a todos, como con los brazos abajo, porque el lugar donde está inserta nuestra escuela es rural. Tenemos muchos alumnos de sectores como Los Montes, Los Barriales, más arriba de la universidad Adventista. Los niños no tienen conectividad, ni siquiera acceso a un celular en plena era moderna. Todavía tenemos la esencia del niño rural”.  

“Al principio dijimos ya, clases online, por último una video llamada si el alumno no se puede conectar a la plataforma que tenemos como escuela, pero el niño no podía acceder. Entonces comenzamos a implementar carpetas, y empezamos a ir a dejar casa por casa con mucho resguardo sanitario”, relata. 

Precisa que “tenemos casi más del 50 por ciento de los niños que están trabajando con carpetas, porque no tienen acceso o solamente la mamá se puede conectar por el celular, o es porque el vecino les da wifi y lo puede usar un ratito”.  

En relación a la colaboración de los apoderados, asegura que “hay familias que nos dicen: yo no tengo internet y prefiero que mi hijo repita; otras que yo no lo voy a mandar a la escuela porque no quiero que se contagie. Pues yo como mamá las entiendo, pero como escuela vamos a salvaguardar todo para que podamos comenzar cuando esto pase”, asegura. 

Marcia sabe que la educación a distancia provocará un desnivel en los alumnos. “Va a ser una brecha enorme cuando volvamos a la supuesta normalidad, donde van a haber niños con un vacío pedagógico, en el caso de familias que no quieren estudiar y que dicen ‘tía sáqueme del grupo’. Pero también hay otro grupo que es casi la mayoría, que les pasa no solamente a mis niños de la escuela, en que los alumnos se sienten ansiosos, depresivos y hemos estado haciendo un trabajo con las familias a través de la dupla psicosocial”. 

Pese a la priorización curricular que realizan a petición del Mineduc, reconoce que “hay niños que trabajarán todo lo que les enviamos, pero van a ser los menos. La mayoría lo están haciendo porque la mamá me va a retar si no hago el trabajo. Ellos, como niños, quieren jugar, hacer otras cosas. Ellos se sienten estresados, en casas muy chiquititas donde no pueden hacer nada. Esa también va a ser parte de la brecha que se nos va a presentar cuando volvamos a la supuesta normalidad”.  

La profesora ve otras ventajas. “Trabajamos con una aplicación que se llama “Socrative”, que la podemos descargar desde el celular y pesa muy poquitito. La mayoría de las mamás la tiene para poder hacer la clase en línea, no es una App del ministerio, porque ellas decían que pesaban mucho y no les alcanzaba el espacio. Esta utilización de herramientas tecnológicas les ha servido a los papás, a los niños y hasta nosotros mismos que tampoco estábamos preparados para una clase online y lo digo con mucha humildad porque a pesar de que estamos capacitándonos cada cierto tiempo, no estábamos preparados”, analiza. 

“Hay un trabajo en equipo. Yo siempre les digo a mis colegas que hay niños que teniendo papá y mamá son huérfanos en la escuela, uno cita al apoderado y nunca vienen. Ahora estamos súper conectados, nunca había tenido todos los teléfonos de los apoderados, no solamente los de mi curso. Ellos nos llaman por cualquier cosa eso sí, pueden ser las ocho de la noche, y ‘tía, no entendió la tarea, usted me puede explicar’ y cómo decir que no, si son tan poquitos y más encima yo soy la primera que habla del concepto de familia”, describe.

La importancia de la contención 

La escuela El Chamizal de El Carmen obtuvo el año pasado el puntaje más alto en Ñuble en la categoría Simce de Lectura.  Su escuela nunca contó con internet, pues no hay viabilidad técnica.  

“En la escuela no hay internet, está en un bajo y rodeada de árboles. Hemos hecho varias pruebas para ver qué tipo de señal tenemos y no hay. En la escuela sí tenemos los computadores, pero no existe la posibilidad de usarlos para conectar la clase con algún link que traen los libros”, describe su profesor encargado, Alfredo Vargas. 

Recuerda que “vinieron una vez de la Universidad de Concepción porque querían tomar un programa interactivo con nosotros. Hicieron tres pruebas de cobertura dentro y fuera de la escuela y no resultó”. 

“No es rentable colocar una antena que van a ocuparla 80 personas, es más rentable colocarla donde hay una densidad poblacional alta. Siento que las compañías deberían extender su red, medir su cobertura, y generar las condiciones para que la gente también las pueda ocupar. El internet es una herramienta fundamental para la educación con una persona que supervise el aprendizaje”, argumenta.  

El profesor explica cómo se han adaptado al estudio durante la pandemia con sus seis estudiantes. Las clases comienzan a las 9 y terminan a las 13 horas.

“Como somos escuela y tenemos la capacidad de decidir por nosotros un poco de forma autónoma, creamos un grupo de WhatsApp donde se conectan todos los niños y trabajamos las distintas materias. Eso sí no todos tienen la misma cobertura”, relata. Cuando la señal es mala, los llama al celular. 

“Mis alumnos han respondido bastante bien, antes yo les tenía prohibido el celular y ahora tengo que pedirles que lo que tienen que ocupar es el celular, así que en un principio fue muy llamativo para ellos”, comenta. 

“La plataforma de WhatsApp ha sido buena, no obstante, no puedo utilizar plataformas con los niños como Zoom o aplicaciones de Google que te permiten hacer videollamadas, siendo que ellos tienen internet en el celular, pero el ancho de banda es poco”, explica. 

Y precisa que “además en el sector donde viven, aunque tuvieran un plan contratado no van a tener ni un ancho de banda ni un internet que fuera constante como para hacer la videollamada o para decirles que entren a tal link, vean tal video y después lo analizamos. Ahí es donde hay que adaptarse, enviarle una foto del contenido, un audio con alguna pregunta para que ellos puedan responderla y te envíen los audios de vuelta”, describe. 

Continúan con su plan de lectura que desempeñaban en la escuela. “Todos los días en la mañana tenemos un plan de lenguaje. Les pregunto cómo están, cómo se sienten y cómo está su familia. Ellos comienzan leyendo un libro, porque antes que comenzara todo esto les enviamos un set de alrededor de 25-30 libros. Leen algo según sus gustos durante 20 minutos. Una vez que terminan ellos me envían el audio de vuelta con el nombre del libro, el autor, cuál fue la parte más importante y qué fue lo que más les gustó”, relata. 

Las clases se han reducido hasta las 13 horas. Alfredo explica que “tener una jornada normal de clases en un contexto que no es normal tampoco es beneficioso para ellos. Están en el campo que no es como la ciudad. Desde ese punto de vista quizás no tienen todo el tiempo que deberían, porque hay cosas de las cuales ellos se encargan: de los animales o tareas que dentro de sus casas. Es bueno que ellos tengan participación dentro de las actividades propias del hogar porque esos lo hacen niños más autónomos y participativos”.

“A todos les pasamos computadores para la casa, instalamos una aplicación que se llama ‘Yo aprendo a leer con Bartolo’. Nuestro Departamento de Educación nos envió este programa y lo instalamos en todos los computadores”, profundiza. 

Sobre enviar tareas a las casas de los niños no está de acuerdo. “No me gusta ir a dejar actividades porque yo vivo en Chillán y no me gustaría llevar el virus. En Chamizal hubo un brote en la comunidad donde hago clases, por lo que los apoderados se están cuidando mucho”, reflexiona. 

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Muchos establecimientos ubicados en sectores rurales no pueden realizar clases por videollamada de Zoom o Google Meet, por lo que optan utilizar plataformas como Whatsapp o entregar carpetas de trabajo. Fotografía referencial.

En relación a las diferencias educacionales, considera que “hay una brecha importante porque uno puede abrir una comparación de un grupo de alumnos de una escuela rural, donde la cobertura de la señal no es estable y les llega solo WhatsApp, versus otros que tienen plataformas compradas por los colegios donde pueden desarrollar muchas actividades y sustentar otros contenidos. Además, tienen un internet con el que pueden descargar videos y verlos en línea, en cambio acá tienes que ir acomodándote a la situación”. 

Admite que “claramente hay una brecha y en el largo plazo van a haber diferencias en los aprendizajes de los niños, puesto que la igualdad no existe. Es necesario que las empresas telefónicas pudieran poner más hincapié en colocar antenas o señales que permitan darles una igualdad a los niños que sean de sectores rurales respecto a los que están en la ciudad y tienen una cobertura de calidad”.    

Alfredo considera que estudiar en pandemia es una gran exigencia para los niños. “Primero hay que realizar una contención emocional con los niños por parte de los profesores, no llenarlos de trabajos, no todo es pedagógico ni aprendizaje. La parte más importante es la contención emocional y después hagan clases, porque un niño que está en su casa sufriendo, que le falta el pan o plata para la comida, que no tiene internet, que se enfermó su papá, su abuelo, no va a estar concentrado en clases. Las prioridades se tienen que poner sobre la mesa”, enfatiza. 

Y reflexiona: “Antes que el aprendizaje y el año escolar, lo más importante es la salud de las personas y la seguridad de la comunidad. En eso quizás el Ministerio de Educación está perdido, porque le dieron mucha importancia a las clases, pero tienen que ver algo más importante: la vida de las personas. Si en una comunidad rural se enferma alguien al final contagia a todos. Además, hay muchos adultos mayores. Los chicos no viven solos en sus casas, viven con sus padres y en su núcleo familiar por lo general hay abuelos”.   

“Es importante desarrollar una estrategia para el año escolar, pero clases presenciales no, hasta cuando las condiciones sanitarias nos permitan asegurar la salud de los niños, de sus padres, de sus abuelos. Hay muchos profesores de la tercera edad y enfermos crónicos, y también hay que cuidarlos a ellos”, hace hincapié. 

La salud física y mental en pandemia 

Joel Valladares (26) es profesor de Educación Física de tres escuelas rurales de la comuna de El Carmen: San Vicente Alto, ubicada a 28 km hacia la precordillera; la escuela Mata Redonda, que se sitúa 10 km del radio urbano; y la Bernardino Muñoz que está a 26 km de la zona céntrica.

Joel asegura que “todo el trabajo que podemos organizar, llevarlo a la realidad cuesta un montón”. Y describe que “en una escuela se utilizó transporte escolar para hacer el envío de la caja de alimentos junto a una carpeta, donde se ingresaba todo el material y cuando pasaba el transporte se entregaban ambos”. 

Joel considera que el estudio a distancia no es totalmente efectivo. “Si nos vamos a la cobertura, no es lo real, porque faltan alumnos que no rendían que no están entendiendo o siendo apoyados en las casas guiados en el proceso, lo que es muy importante, sobre todo para el primer ciclo”, reflexiona. 

Joel ha tenido que trabajar con guías que son enviadas a las casas de los alumnos. “Les envié algo que tuviese que ver con autocuidado, higiene personal, actividad física, salud, un material didáctico”. 

El acceso a internet le permite mejorar la entrega de contenidos. “Con algunos podemos interactuar por redes sociales. Les envío tips, estoy atento a sus consultas y a las de los apoderados. Hago un par de videos y se los mando por red social intentando que lo puedan aplicar. No es un video de una clase completa, son actividades que los invitan a poder desenfocarse de la pandemia, a estas alturas hay familias que están bastante afectadas emocionalmente”. 

Sin embargo, reconoce que “como pedagogos se nos da la misión de hacer contención, pero no se puede, de los 48, 15 reciben internet o tienen la posibilidad de poder acceder a una red social o usar un computador. Nosotros como profesores no podemos dejarlo así, debemos hacer contención y preparar a la comunidad educativa en todo este proceso o lamentablemente el sistema educativo se va a seguir cayendo”.  

Sobre las evaluaciones, reflexiona: “¿qué voy a evaluar? Por qué tengo que hacer sentir al estudiante que lo voy a someter a una evaluación si en realidad todo esto que estamos haciendo es un salvavidas. En esta pandemia, hay una desconexión de todo y lo que nos queda es aguantar y ayudar un poco, quién sabe cómo nos vamos a encontrar a la vuelta”.   

Precisa que “en mi asignatura estoy muy preocupado por cómo vienen de su estado físico y mental porque venían de dos meses de vacaciones y ya notas cambios. Por ejemplo, un niño con obesidad, llega más sobrepasado en su peso y ahora con la cuarentena más aún, con la intriga de saber cómo está, cómo está comiendo, cómo lo están apoyando desde la casa porque es un niño”.

La alfabetización digital es otra de las barreras que afectan a la educación rural a distancia. “Es muy complicado porque en los sectores rurales existe una baja escolaridad y eso hace que no manejen bien las plataformas digitales y que no puedan apoyar como uno espera a los estudiantes. Los apoderados me escriben cuando pueden y tienen cobertura. Eso puede ser a las 9 de la noche porque salieron a hablar con alguien y aprovecharon de escribir a todos los profesores para preguntar cosas”, revela.  

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Leslie Mosqueira es profesora encargada de la escuela Los Puquios, ubicada en una zona rural de la comuna de Yungay y que cuenta con solo tres alumnos. Sobre su método de trabajo describe que existen algunas plataformas que por la conectividad yo no las he usado. Los niños con suerte tienen teléfono entonces es complejo el tema del internet. Ellos cuentan con los planes nada más, que son de pocos gigas, y al meterte a una plataforma necesitas un internet de mayor calidad. Lo que me ha funciona es hacer conferencias por videollamada de WhatsApp”. 

Sobre la desigualdad educacional comenta que “ya existe una brecha entre los colegios municipales y los particulares y ahora va a ser más grande, porque en mi caso he podido avanzar, pero tengo colegas con alumnos que viven en lugares donde no hay señal, ni siquiera de teléfono. Van campo por campo y hasta tres horas demoran en hacer su recorrido y van explicando ahí mismo el contenido que tiene que ser rápido porque no debe haber aglomeraciones”. 

Sobre las exigencias, Mosqueira comenta que “el ministerio exige el trabajo con plataformas, incentiva que las ocupemos, te obliga a hacer esto y los apoderados tienen que tener un correo electrónico. Yo veo difícil que mis apoderados sepan manipular un correo electrónico, ingresar o hacerse partícipe de una llamada en estas plataformas”, reconoce. 

Nelson Miranda de ONG Sello, enfatiza: “En tiempos difíciles, de guerras, de grandes desastres como el que estamos viviendo, el sistema escolar viene a cumplir un rol de soporte a la infancia, de espacio de contención. Bajo estas circunstancias el rol del sistema escolar no es instructivo, sino que la dimensión formativa, humana, es la que debiera ser relevante y trascendente. Ya tendremos tiempos para el conocimiento duro, pero no bajo las condiciones en las que estamos”.

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