Covid-19: violencia contra las mujeres en tiempos de aislamiento

Soledad Martínez Labrín

La violencia contra las mujeres en situación de pareja heterosexual es una realidad muy frecuente en Chile. Según la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres, en lo que va del año, ha habido 14 feminicidios, de los cuales 9 fueron perpetrados por compañeros sentimentales. Es la realidad de las mujeres; el supuesto espacio seguro que debería ser nuestro hogar, nuestros lazos familiares o afectos, es también muchas veces, un espacio de peligro.

En la actualidad, nos encontramos atravesando por una crisis sanitaria debido al COVID19, en la que se ha visto que el aislamiento social es una medida clave para aplanar la curva de contagios. En los países en que el aislamiento social lleva ya varias semanas, se ha evidenciado, sin embargo, que tanto las denuncias como los hechos de violencia contra las mujeres, en el contexto doméstico, han aumentado. Tal como todos los fenómenos que ocurren en la sociedad, un asunto aparentemente neutro, como lo es el contagio de un virus, permite evidenciar una de tantas desigualdades de género. En efecto, la cuarentena no es sólo una oportunidad para poner en evidencia la precariedad laboral de las mujeres o la triple jornada de trabajo que la mayoría lleva a cabo, sino que es una oportunidad en que muchas se ven en doble riesgo vital.

Sabemos que si hay algo que protege a las mujeres tanto de vivir violencia doméstica, como de que esta violencia escale, son las redes sociales de apoyo que la acompañen. Muchas veces, las redes institucionales son útiles, pero la mayoría de las veces son insuficientes o no son suficientemente eficientes, especialmente en contextos de emergencia. Por otro lado, la idealización de la familia como institución, la idea cliché de que la familia es “base de la sociedad” y el mito del amor romántico no ayudan en esto. En efecto, reconocer la familia, en singular, como un pilar deseable de mantener en pie, hace que las instituciones, así como las y los profesionales que ofician de red de apoyo de las mujeres que viven violencia, en realidad las carguen de culpas y sentimientos de falla personal. Se agrega a esto, el concepto patriarcal implícito en las instituciones de que la violencia doméstica es un problema privado o que debe resolverse con estrategias individuales, como la denuncia. En cambio, las redes de afecto, solidaridad y comunidad, tienden a ser mucho más efectivas, tanto por su constancia, como por su cercanía. Son estas redes, en su mayoría compuestas por mujeres cercanas, las que más protegen y contribuyen a sostener a las mujeres tanto emocional como materialmente.

En condiciones de aislamiento social, estas redes se alejan. Efectivamente, para disminuir los contagios es necesario que las personas permanezcan en sus casas, cortando contacto físico directo con las personas de sus entornos barriales, familiares o laborales. Con la tendencia a nuclear los grupos en viviendas pequeñas, desterritorializadas y la menor existencia de familias extendidas, esto significa, para mujeres que viven violencia doméstica, permanecer en situación de encierro con sus agresores. Este encierro además comporta tensión, miedo social e incertidumbre, lo que propicia más la producción de conflictos. Todavía más, este alejamiento implica cortar la cooperación, la contención y la vigilancia de las redes. Todo esto aumenta el riesgo de que ocurran episodios de violencia con mayor impunidad que lo habitual. Eso, sin considerar que por su naturaleza, no sabemos aun qué sucede con la violencia sexual que ocurre en similares condiciones. El coronavirus es una oportunidad para enfrentarnos nuevamente a la transversalidad de las desigualdades en Chile, y especialmente nos llama a reflexionar sobre lo que vivimos las mujeres en una sociedad patriarcal. Nuevamente, nos interpela como sociedad, cultura y estado, mostrándonos la necesidad de hacer un abordaje profundo que va desde los significados que tienen el amor y la familia, la concepción de la violencia contra las mujeres como un problema social, hasta los soportes que como comunidad mantenemos para la protección efectiva de las mujeres, niñas y niños. Es hora de que estar en nuestros espacios familiares implique protección y amparo para todos y todas, y que sea el virus lo único que tengamos que temer en una crisis sanitaria.


La autora agradece la lectura y opiniones de Pamela Pantoja Flores y Bruno Bivort Urrutia para mejorar esta columna.