El separatismo feminista: una excelente noticia para este 08 de marzo

Soledad Martínez Labrín

Es muy común oír que frente a las diversas acciones que han llevado a cabo las mujeres feministas en los últimos años, haya críticas respecto de la no inclusión de hombres. Efectivamente, el separatismo parece ser un problema para muchas personas, que lo homologan a la discriminación e invisibilización que históricamente hemos vivido las mujeres, argumentando que se trata de otra práctica sexista. Es decir, que excluir a los hombres de los espacios feministas fuera un acto de discriminación y violencia. Lo cierto es que el separatismo es un acto reivindicatorio, un ejercicio de justicia histórica en el que las mujeres decidimos estar sin los hombres, poner nuestras propias reglas y ser las protagonistas. Además, el separatismo beneficia a las mujeres desde muchos puntos de vista.

Primero, los espacios separatistas funcionan como sitios de contención mutua y confianza, en los cuales las mujeres construimos una comunidad de experiencias, siendo espacios de toma de conciencia de la violencia que hemos vivido y de cómo el machismo cotidiano va golpeando nuestras vidas. En esos espacios nos damos cuenta que ser mujeres significa experienciar el patriarcado de un modo particular, aun reconociendo que no somos todas iguales. Esa conciencia hace que en muchos casos, el separatismo funcione también como una forma de protección, ya que muchas hemos vivido violencia sexual o de otros tipos por parte de hombres. Es por ello que las mujeres de los feminismos radicales y especialmente lesbianas, utilizan el separatismo en los 70s, instalándolo como una práctica de cuidado mutuo, ya que, estos espacios se encuentran explícitamente resguardados, libres de esas violencias, y por lo tanto, procuran ser seguros para todas. Todo esto, sin considerar que las mujeres nos vemos invisibilizadas en espacios mixtos, baste poner como ejemplo el lenguaje sexista, alrededor del cual se ha instalado toda una estructura institucional y que mandata el androcentrismo, o las escuelas segregadas, que ocultan el genio femenino a partir de la división sexual de las tareas y del conocimiento. Los espacios separatistas validan nuestras voces y opiniones, nuestro genio fluye libremente.

Las instancias separatistas, son, además, políticamente muy potentes, que, tal vez por primera vez, las mujeres se centran allí en ellas mismas en tanto mujeres, lo cual releva su género como categoría. Esto permite discutir desde ese lugar identitario, a la vez que se construyen lazos de conciencia de género, preparando el terreno para organizarse. Ya De Beauvoir había advertido que el sistema patriarcal socializa a las mujeres sin una conciencia de género, aliadas a otros a través de la conciencia de clase, o de los lazos afectivos de la familia nuclear tradicional, pero sin los pactos de género, que sí existían entre los hombres. Los separatismos nos han permitido devenir hermanas, estableciendo pactos de cuidado mutuo, identificándonos con otras, y volviendo a nuestras ancestras.

En resumen, el separatismo permite la construcción de formas de lucha en clave femenina, que rompen las lógicas tradicionales dominadas por el androcentrismo. Puede o no ser una forma de funcionamiento permanente, eso es un asunto que los grupos van decidiendo según las direcciones que va tomando su actuancia. Lo cierto es que, especialmente durante 2018 y 2019, el separatismo ha demostrado ser eficaz para que las mujeres construyamos un potente movimiento feminista que, como ha dicho Federici, es la punta de diamante de los cambios sociales que están aconteciendo. Este 08 de marzo de 2020 en Chillán y en todo Chile comenzamos un nuevo ciclo, en el que seguiremos aportando a los sueños colectivos de un país mejor y más justo, y el separatismo será una herramienta clave en esa construcción.

Especiales agradecimientos a Doménica Franke por su lectura y aportes de este texto.