JÓVENES TRANSGÉNERO DE ÑUBLE VALIDAN SU IDENTIDAD

Por Nicole Contreras

Ley de Identidad de Genero Ñuble La Garza Revista

Según cifras del Servicio de Registro Civil, la promulgación de la Ley de Identidad de Género ha permitido que 15 personas transgénero puedan realizar el cambio registral de nombre y sexo en la Región de Ñuble. El trámite ayudará a Ivonne (21) a encontrar un trabajo que le permita independizarse y apartarse de la discriminación que sufre en su entorno rural. En tanto, Borja (19) trata de concientizar a la población sobre lo que significa ser trans. Y advierte: “Esta ley llegó tarde. Además, deja fuera a los menores de 14 años. La identidad es algo que es parte de ti, no se debería cuestionar”.

Ivonne (21) acaba de pedir una hora en el Registro Civil de Chillán para ser ella misma por primera vez en su cédula de identidad. En diciembre entró en vigencia la Ley de Identidad de Género que permite a personas trans cambiar de nombre y sexo registral. De acuerdo a cifras del Servicio de Registro Civil e Identificación, hasta el 8 de enero, 15 personas han realizado audiencias de cambio de nombre y sexo en la Región de Ñuble. “Esa F significa todo para mí. En el trámite estaba muy nerviosa, todavía lo estoy, apenas puedo hablar. Estoy emocionada y ansiosa. Tenía miedo de que no fuesen amables, pero lo fueron”, asegura Ivonne mientras mira su solicitud que contiene la reserva de hora para su audiencia especial. Lo dice como si la amabilidad jamás hubiese sido parte de su vida.

En la audiencia especial Ivonne y dos testigos declararán ante un oficial civil que ella conoce los efectos jurídicos que implica acoger su solicitud de rectificación de su partida de nacimiento. Luego, en 45 días hábiles, el Servicio debe pronunciarse sobre la solicitud. El cambio implicará que imágenes, fotografías, soportes digitales, datos informáticos o cualquier instrumento con que las personas figuren en registros públicos y privados deberán coincidir con la nueva identidad. En Ñuble, el Servicio de Registro Civil ha realizado dos capacitaciones a funcionarios para explicar y sensibilizar sobre la ley.

A su salida del Registro Civil, Ivonne rechaza ser entrevistada cerca de una iglesia. Le trae recuerdos de su infancia, cuando no conocía la palabra transgénero, pero sabía que el niño que su familia veía no existía dentro de ella. Ivonne ha vivido toda su vida en una localidad rural de San Carlos. Allí asistió a un templo evangélico con sus padres, quienes son agricultores, hasta hace tres años atrás.

“Todos los vecinos pertenecen a esa iglesia, incluso mi familia, por eso no me gustan las iglesias, las evito, porque me sentí discriminada. Me trataban como si fuera una persona mala. Y yo no soy buena pero tampoco soy mala. Nadie es bueno, solo Dios”, relata Ivonne. Ella pide respeto. “Una cosa es que no entiendan, pero deben respetar. Cuando yo iba a los cultos siempre se hablaba de violencia y de estar en contra de las personas LGTB. Cómo una iglesia que promueve amor puede hablar así. Nadie sabía que yo era transgénero allí, pero yo me sentía pésimo. Por eso decidí no volver”, dice.

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Ivonne (21) quiere independizarse para poder salir de la localidad rural en que vive, sin embargo, encontrar trabajo le ha resultado difícil.

Asegura que vivir en una localidad rural no es fácil, que debe enfrentar comentarios ofensivos de sus vecinos. Recuerda que siempre fue víctima de bullying en la escuela, también ubicada en el sector, en ese tiempo por tener labio leporino. Ivonne podrá ser ella misma en su cédula de identidad, pero no para su familia ni comunidad. “Odio el campo, solo quiero salir de allí. Me paso todo el día encerrada en mi pieza. No tengo apoyo familiar, nadie en casa me llama Ivonne”.

El cambio registral le permitirá encontrar un empleo con mayor facilidad. Actualmente trabaja vendiendo cosméticos, lo que no es suficiente para sustentarse y dejar la casa de sus padres. “Mi meta es irme. Es difícil para mí encontrar un trabajo estable. Cuando busqué y les expliqué que el nombre del carnet no coincidía con mi identidad, ni siquiera quisieron recibir mi curriculum”, relata.

Al terminar la Enseñanza Media en un colegio cristiano decidió entrar a estudiar Mecánica en un instituto. “Lo hice para agradar a mis padres. Ellos no querían que estudiara nada. Me retiré porque sufrí mucho, nunca me han gustado los autos, tampoco sé conducir”, dice.

El mundo de Ivonne Jéssica

“Aquella noche no había luna, hermanos míos
Aquella noche las penumbras cubrían aquel firmamento
Aquel firmamento que yacía sobre mi cabeza hermanos míos
Aquella noche no había una sola estrella en ningún momento
Aquella noche solo recuerdo que esperaba el alba, pero por más que lo anhelaba el reloj no avanzaba aquella noche
Aquella cuando las voces del insomnio me susurraban al oído, me susurraban tu nombre aquella noche”

Es el fragmento de “El Reloj”, que compone el libro “100 poemas para llorar”, recopilación que escribió Ivonne desde los 10 años. “Me gustaría ir a la universidad para estudiar Literatura. En el colegio siempre tuve buenas notas, sobre 6, pero no he tenido tiempo de soñar”, revela. En su habitación, desde donde no le gusta salir, se refugia en sus pinturas y los libros que ha escrito, pero que al igual que ella misma no ha mostrado a casi nadie.

Ivonne admira a Gabriela Mistral y a Salvador Dalí; guarda su influencia surrealista en sus obras. Su libro favorito es Desolación, pues uno de sus pasatiempos es leer. Sueña con publicar sus libros en el futuro. Algunos de ellos hablan de sus estadías en el hospital donde pasó gran parte de su infancia sometiéndose a cirugías para ampliar sus fosas nasales producto del labio leporino.

El nombre Ivonne Jéssica nació en honor a sus dos grandes amigas: Ivonne, la única de sus compañeras de curso que la hizo sentir acogida; y Jéssica una amiga que conoció en la plaza. Con ambas perdió el contacto, pero las recuerda como a las únicas personas que la apoyaron.

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Ivonne sueña con publicar algún día libros con su poesía, al igual que Gabriela Mistral, su escritora preferida.

Pese a que valora la promulgación de la Ley de Identidad de Género, Ivonne cree que no es suficiente, pues no incluye a niños en el cambio registral. Álex Contreras, encargado de Iguales Ñuble, explica que “la ley mantiene invisibles a los niños, niñas y adolescentes menores de 14 años, obligándoles a ser sometidos a discriminaciones arbitrarias producto del no reconocimiento de su identidad”.

Pese a ello, Contreras destaca que “hemos visto una buena acogida de los funcionarios del Registro Civil incluso en sectores rurales, sin embargo, estos últimos aún están influenciados por la heteronorma, el machismo y el patriarcado en donde se cuestiona la importancia de la Ley de Identidad de Género”.

Ivonne lo sabe. “Esta ley no ayuda a los niños trans. Yo siento que a ellos nadie les cree. Les diría que no sean como yo, que no se oculten, que no traten de ser normales, que sean ellos mismos. Si yo pudiera volver el tiempo atrás, lo haría todo distinto”, recalca.

Ella comenzó con el tratamiento hormonal por su cuenta hace dos años. “Fue el 4 de enero, el día de mi cumpleaños. Elegí ese día para no olvidarlo nunca. Lo hice porque ya no quería seguir bajo la alfombra”, dice. Por consejo de un amigo, hace dos meses inició el tratamiento bajo supervisión médica. “Me advirtió de los riegos que corría al automedicarme. El tratamiento me ha ayudado mucho sobre todo emocionalmente. Mi cabeza está mucho más ordenada”, afirma.

Y es que Ivonne siempre supo que era una niña. “Yo imitaba a mis compañeras en el uniforme que llevaba que era un buzo ajustado, nunca usé camisa, porque no me gustaba. Cuando era niña mi mamá siempre me hacía usar cosas que yo no quería. Hasta hoy mis padres me tratan como a un niño”, sostiene.

Ella solo espera el 13 de enero para realizar el trámite y cambiar lo que está escrito en la cédula de identidad que todavía tiene. “Era un nombre que no me gusta mencionar porque quiero que muera y ahora va a morir. Con mi nombre seré yo misma”. Confía en que con él podrá conseguir un trabajo, irse de su casa, estudiar Literatura y publicar sus libros.

«Ser quien realmente soy» 

Borja (19) realiza charlas a centros de salud y establecimientos educacionales para concientizar a la población sobre lo que significa ser transgénero. Cuando tenía 14 años él decidió comunicarle a sus padres y a su colegio que Pía, el nombre legal que gracias al cambio registral desapareció para siempre, no existía. En sus charlas explica la definición de trans que aparece en Internet y que no le gusta. «En Google dice algo como que es una persona que físicamente es femenino o masculino, pero sicológicamente es lo contrario, y a veces se somete a cirugía para reasignar su sexo», explica Borja. Y reflexiona: «Ser transgénero es ser yo. Soy más que una persona trans, soy risas, sueños, muchas cosas más. Ser trans es solo una característica mía, pero no todo». 

Borja espera en el Registro Civil de San Carlos, comuna donde vive, para realizar el cambio registral. Dos testigos, requisito para realizar el procedimiento, lo acompañan: su amiga Francisca López, compañera de colegio, y Allen Alegría de la Fundación Iguales, en la que Borja también participa.

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A sus 14 años decidió contar a su familia y colegio que es Borja. Hoy, su cédula de identidad lo refleja.

¿Qué significa para ti realizar el cambio registral?

– Todo. Es la validación de mi identidad, algo tan común, porque uno nace con su identidad. Para mí el poder cambiarlo significa algo muy importante, y estoy contento. La funcionaria que me atendió se portó muy bien, a pesar de que no estaba muy capacitada, pero hizo el esfuerzo ya que yo siento que sintió que esto es algo importante, entonces lo hizo con mucha paciencia y profesionalismo.

¿Qué opinas de la promulgación de la Ley de Identidad de Género?

-Para mí y para la comunidad la ley es un paso grande, pero siento que no está completa porque los menores de 14 años no están contemplados. Debería ser igual para todos, ir al Registro Civil, pedir el cambio de nombre y sacarse la foto para el carnet, sin tanto trámite porque al final nos están cuestionando. Yo siento que todavía falta porque la dignidad se tiene que hacer costumbre.

¿Cuánto ha avanzado la sociedad en empatizar con las personas transgénero?

-El tema hace dos o tres años se empezó a hablar, entonces todavía es nuevo, aún falta empatía de la. Pero esto se ha hablado y eso ya abre la puerta para que se hagan cambios. Por ejemplo, yo estoy trabajando en este momento, y el nombre es un problema, gracias a que yo conozco a los jefes, ellos me pudieron entender y no me hicieron tanto drama. Pero si me pongo en el lugar de otras personas, sí les cuesta encontrar trabajo por lo mismo, porque van con una apariencia y el carnet dice otra, entonces hay una discordancia, simplemente no pueden trabajar y se les discrimina. Por eso la ley es súper importante.

¿Cómo fue tu paso por el colegio?  

-Los últimos años fueron bien porque el colegio -Instituto Santa María de San Carlos- empatizó conmigo. Lo que yo esperaba al salir era dejar una marca para que cuando otra persona viniera no se cometieran los mismos errores que se cometieron conmigo. Y también para concientizar tanto al alumnado como a todos los profesores, porque siento que pasa por eso más que nada el bienestar de un alumno. Más allá de que uno tenga un nombre, el sentirse bien todos los días, ya que mi transición no es solo mía sino del que me rodea. Mi colegio tuvo un rol fundamental, obviamente se cometieron errores, pero al final me voy con el sentimiento de que fui apoyado y de que aprendimos juntos.

¿Cómo recuerdas a Pía?

-Pía era yo, no he cambiado. Mi forma de ser es la misma, mi manera de relacionarme es la misma, solamente cambió el corte de pelo, el nombre. Pía era una coraza, era lo que yo colocaba delante para que no pudieran ver lo que soy, fueron años de trabajo, de tratamiento sicológico, porque también hay cosas que uno puede decir yo puedo, pero yo necesitaba acompañamiento. Pía era también muchas barreras, mucha frialdad, secretos, muchas cosas que ahora siendo Borja he dejado salir y me han hecho ser una nueva persona, abrirme a experiencias y a conocer personas nuevas. Pía siempre va a estar porque fue algo importante para mí, pero siempre lo veo desde el cariño.

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Borja quiere estudiar psicología, para ayudar a quienes, como él, enfrenten este proceso de transición. Desde hace un tiempo participa en Fundación Iguales de Ñuble, donde ha podido realizar esta tarea a través de charlas.

¿Qué les dirías a quienes están iniciando el proceso de transición?

-Le diría que no será fácil, pero que vale la pena. Siempre digo que estar dentro de un closet escondido o vivir una vida que no es la tuya no vale la pena. Yo ahora siento que si muero, voy a morir feliz porque voy a ser quien soy y mi familia me conoce, ya sabe quién soy.

¿Qué le dirías a las familias de una persona transgénero?

-Que esto no es una etapa que va a pasar, que el apoyo es crucial porque la transición es complicada, uno tiene bajones de ánimo, que es parte de la discriminación y no sentirse aceptado. El apoyo de la familia o el círculo cercano es fundamental, es el 80% del proceso. Por ejemplo, a mis padres les costó, pero ahora no es tema, lo ven como debe ser, con normalidad, y están felices porque me ven feliz a mí. Hoy no pudieron venir al Registro Civil por motivos de trabajo, pero me apoyan, y soy afortunado por eso, porque muchos no cuentan con ese apoyo.

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Francisca, su amiga, recuerda que “conocí a Borja en el colegio cuando comenzó su transición. Antes lo había visto en los pasillos, pero nunca hablamos. Me acuerdo que en marzo cuando entramos a clases me impacté porque tenía un pelo bonito y largo y llegó con el pelo corto. Nunca me acerqué a Pía, era una persona acorazada. Con Borja nos hicimos amigos en un taller. Él ha sido muy valiente y es muy bonito acompañarlo ahora. Yo antes no sabía nada en profundidad de las personas transgénero. Ser su amiga me abrió los ojos y me ayudó a eliminar prejuicios”, asegura.

Allen Alegría analiza que en Ñuble existen más dificultades para las personas transgénero “por el patriarcado y el machismo que está arraigado en el campo. Lamentablemente ahí lo que nos queda como fundación es educar, tanto a los establecimientos educacionales como de salud, y a los padres. Tenemos muy buena coordinación con los Cesfam rurales. Ellos nos llaman cuando tienen un caso, y nosotros apoyamos a las familias, al chico o la chica. Hay personas transgénero que deben ejercer el comercio sexual por falta de oportunidades de trabajo. Eso también se da en Ñuble y es una realidad estigmatizada. Nosotros lo llamamos círculo de discriminación trans”.

Alegría explica que “como no se podía acceder al nombre, porque había que fingir ante el juez que existía un error en la partida de nacimiento, se producía que no tenían trabajo, por lo tanto tampoco dinero para abogado. Si podían hacer el tratamiento hormonal, también era un problema porque muchos jueces pedían la reasignación de sexo completa, y eso también está mal, porque hay que respetar la autonomía de los cuerpos. No sé si esta ley va a quebrar el círculo de discriminación trans, espero que sí, porque van a surgir nuevas variables, por ejemplo, cómo van a ser contratadas las Isapres para las personas trans”.

Borja ingresará este año a la universidad para estudiar psicología con el objetivo de ayudar a personas trans y poder comprenderlos mejor. “He conocido a más personas transgénero en Ñuble y su realidad es distinta en muchos sentidos. Yo siento que soy muy afortunado y bendecido, porque mi familia está conmigo, me dio apoyo en los días en que no podía levantarme porque no me daba ánimo, me decían que viviera el día a día, que no me preocupara de los demás y que fuera feliz. Muchos adolescentes trans se suicidan porque no tienen ese apoyo, porque no se sienten aceptados. Siento que esta ley llegó tarde y por lo mismo siento que ir hacia el cambio no es solo por mí, sino por todas las personas que en este momento no pudieron estar haciendo este trámite”, reflexiona.