Carlos Concha fuera de la cárcel

Carlos Concha, joven investigado por presunto porte de explosivos, reitera su inocencia

“Sé que tarde o temprano voy a estar libre, pero me han hecho mucho daño”

Por Nicole Contreras

Hace dos semanas cumple arresto domiciliario después de estar más de 24 días en prisión preventiva por presunto porte de bombas molotov en las manifestaciones del 21 de octubre, sin que la justicia considerara la ausencia de antecedentes penales previos en su caso. Su defensa acusa irregularidades en el procedimiento, ya que no se tomaron muestras digitales ni a su ropa después de su detención y hasta el cambio de cautelar el video que lo inculpaba aún no estaba en la carpeta de investigación. Esta es su historia; llena de fútbol y ausente de política.

Tercer día de movilizaciones en Chillán. Carlos Concha (18) nunca había asistido a una manifestación hasta el pasado lunes 21 de octubre. El fin de semana anterior hizo lo de costumbre: ir a jugar al Club Vicuña Mackenna de la Población Sarita Gajardo, donde se inició en el fútbol a los 7 años, y por la tarde a su club en Portezuelo, comuna donde viven sus bisabuelos. Por jugar allí le pagaban 10 mil pesos semanales de viáticos, que utilizaba para sus gastos. No le gustaba pedir dinero a sus padres.

Su sueño de infancia era convertirse en un futbolista profesional. Para lograrlo, estuvo hasta los 17 años en la Escuela de Cadetes de Ñublense, el único equipo que sigue. Su madre, Yéssica Vergara, explicará que de pequeño tuvo un accidente que dejó una secuela en su pie, su entrenador de infancia dirá que era el primero en llegar y que jamás faltó a un partido, que su baja estatura le perjudicó, pero él tiene claro el motivo: la falta de oportunidades para los niños que sueñan con ser futbolistas en la Región.

“No le echo la culpa a mi papá ni a mi mamá tampoco, pero en el momento no tuve apoyo como para que alguien me aconsejara de fútbol, alguna idea que me hiciera entender más las cosas, tuve que siempre ingeniarme solo. Al final pasó que llegaron los 17 años y la última prueba que me dejaba estar en Ñublense. Y me dijeron que no. Me achiqué y todo, aun así, pensé que tenía otras cosas por hacer para seguir dentro de la cancha, como ser árbitro por ejemplo”, relata Carlos.

Y agrega: “Antes estuve en la escuela de Huachipato, fui a Talcahuano a hacer las pruebas. Ahí tuve más posibilidades para subir, pero qué pasaba, que en mi casa la economía tampoco era buena para los traslados. Porque me dijeron que eran dos meses de prueba, que entraba seguro, pero tenía que sí o sí hacerlos, y después me pagarían todo. Falta apoyo, no hay alguien que se preocupe si duermes o si estás comiendo bien”.

Al preguntarle si considera que su vida ha sido injusta, se extraña. “No me interesa lo que es una injusticia, yo nunca he tenido odio”, asegura sentado en el sillón de su casa, donde cumple hace 18 días la medida precautoria de arresto domiciliario por presunto porte de artefacto incendiario durante las manifestaciones de ese 21 de octubre. Antes, estuvo más de tres semanas en prisión preventiva en la cárcel de Chillán.

Ese lunes 21 asistió a clases durante la mañana. Cursa cuarto medio en el Liceo Técnico Profesional Marta Colvin, ubicado en la Población Los Volcanes. Salió más temprano y fue a la casa de su polola, también compañera de curso, y con quien será padre el próximo 31 de enero. En su habitación, tiene un andador y un coche para su hijo. “Yo ya no tenía un propósito en la vida, no tenía un motivo por el cual seguir acá. Cuando me dijeron que iba a ser papá, me desesperé. Qué voy a hacer con una guagua, pensé, pero después me puse muy feliz. Me lo tomé muy a pecho, me prometí enseñarle las cosas bien y nunca, pero nunca, levantarle la mano”, dice.  

Durante la semana anterior vio en televisión a los estudiantes secundarios saltando los torniquetes del metro de Santiago, las protestas, los enfrentamientos entre manifestantes y carabineros, las demandas sociales. Dice que no entendía bien lo que ocurría. No sabe cómo funcionan las AFP, ni los partidos, ni la política. “Me dio una rabia ver que escolares como yo hacían tira algo que el día de mañana van a tener que ocupar. Después andan llorando que no tienen cómo irse, que se fueron a pata, que la micro está llena. En ese momento, encontré estúpido lo que estaba haciendo la gente, sobre todo lo cabros”, asegura.

Y es que las manifestaciones despertaron su curiosidad sobre lo que ocurría en el país por primera vez. Antes de eso, su mente siempre fue solo fútbol. Esa tarde, a eso de las 19 horas, le dijo a su polola y a su madre que iría a observar las protestas en la Plaza de Armas. A ellas no les gustó la idea. Él se fue con su mochila negra marca Adidas que usaba para ir a clases y tomó el colectivo 46. De camino a la plaza, dos carabineros le hicieron un control de identidad. Él recuerda que fueron amables y que le desearon buena suerte.

Por calle Arauco divisó a una de las profesoras de su liceo. Siguió caminando; el frontis de la Intendencia estaba repleto de familias agitando sus cacerolas y los carabineros se encontraban aún formados bajo el edificio. Pensó que la Catedral sería un lugar tranquilo para grabar un video y enviárselo a su polola.

“Fui a ver qué era lo que decían, si era tanto o puro show. Incluso yo mismo vi que los carabineros estaban ahí tranquilos y la gente empezó a molestarlos, eso es lo que me da rabia, porque todos les echan la culpa a ellos. Igual hay videos que no hay que dejar pasar. Ha habido de todo, así como Carabineros se ha pasado, igual se ha pasado la gente. Tengo el video grabado donde empiezan a decirle cosas a los carabineros”, relata. Esos serían sus últimos instantes de libertad.

Los videos

– ¿Dónde están las molotov?
– ¿Molotov? ¿Qué es una molotov?
Es el diálogo que Carlos asegura que se produjo en el momento de su detención frente a la Catedral.

La Fiscalía lo investiga por porte de seis bombas molotov durante esa tarde de las manifestaciones del 21 de octubre. Minutos después de que grabara el video, carabineros del Gope lo detuvieron a un costado de la Catedral y al otro día el Juzgado de Garantía de Chillán ordenó la prisión preventiva y determinó cuatro meses de investigación. Las pruebas en su contra, que Fiscalía asegura tener, son un video de la Central de Comunicaciones de Carabineros (Cenco) y el relato de dos funcionarios de carabineros vestidos de civil que relacionaron a Carlos con el presunto delito. La Intendencia de Ñuble figura como querellante en la demanda, una acción judicial que no está pública en el Sistema de Causas del Poder Judicial.

A la salida de los alegatos de la audiencia, en que la defensa de Carlos presentó en la Corte de Apelaciones un amparo constitucional para modificar la prisión preventiva, el abogado asesor de la Fiscalía, Rodrigo Flores, explicó los fundamentos del Ministerio Público. “En fecha reciente se recibió las imágenes de las cámaras de Cenco. Esas imágenes van a ser objeto de análisis. Se recibió en su momento la declaración de los funcionarios de carabineros, se incautó una mochila, las seis botellas con una mecha, las cuales en este preciso momento están en pericia en poder de Carabineros”, explicó reconociendo que las imágenes, a tres semanas de la detención, aún no habían sido analizadas.

Y añadió: “En el contexto de una manifestación con gran concurrencia de personas, a nuestro juicio representa un peligro cierto y serio para terceros, esa es precisamente la gravedad del hecho. Y segundo, la conducta respecto a las cuales existen antecedentes para sostener que él es el responsable, justifican y hacen necesaria la mantención de la prisión preventiva mientras se tramita”. Según el abogado asesor arriesga una pena de tres a cinco años de presidio.

Los videos que sí son de conocimiento público y que han sido difundidos en redes sociales, son los que grabaron los testigos presentados por el Defensor Público, Antonio Guerra. En la audiencia donde los jueces, en fallo dividido, revocaron la prisión preventiva después de más de tres semanas, el defensor cuestionó enfáticamente la decisión del Juzgado al no considerar el testimonio de los testigos en las instancias previas en que se solicitó el cambio de cautelar. La Defensoría pidió a Fiscalía entrevistarlos, pero todavía no son citados.

La profesora Eliana Candia, quien vio a Carlos caminar por la calle Arauco, también estaba en la Catedral esa tarde junto a su hermana. Minutos antes de la llegada del Gope de Carabineros, lo observaba y le decía a su hermana que era el alumno del que tanto les hablaba en los encuentros familiares. “Yo soy profesora de cuarto básico, pero lo conozco porque él siempre va con el profesor de Electricidad arreglando los enchufes y cambiando ampolletas, pues al liceo siempre se le corta la luz sobre todo en invierno. En mi sala nunca están buenos los enchufes, él una vez entró a arreglarlos, entonces este año empecé a conversar con él. Me contó de su vida, de lo mucho que a él le gustaba la electricidad, y lo puse de ejemplo en mi curso. Les dije a los niños que podían ser como él y los niños quedaron admirados”, enfatiza la profesora.

Carlos estudia Electricidad y debía empezar su práctica a comienzos de noviembre. Su plan era tener un trabajo antes del nacimiento de su hijo. “Yo lo veía normal, sobre la media de los demás porque es un liceo que tiene una fama más conflictiva, son niños de condición vulnerable, pero él no era de los que gritaba groserías como los demás, por ejemplo. Él siempre estaba con su polola”, recuerda. Carlos registra en su informe de notas un 6,3 de promedio y su informe de personalidad muestra un “Siempre” en categorías como “Demuestra interés y respeto hacia los valores entregados por la Escuela”, “Es capaz de actuar con justicia y honradez”, “Cumple con las normas del Reglamento de su Escuela”, “Reconoce sus errores y los corrige”, “Desarrolla positivamente el trabajo en equipo”, entre otras. Ambos documentos fueron presentados por la defensa para demostrar que Carlos no es un peligro para la sociedad.

Eliana Candia recuerda que “estuvimos con mi hermana harto rato paradas, después nos sentamos cerca de la Catedral y él también se sentó. Yo siempre lo estuve observando, él miraba su celular y le sacaba fotos a la Intendencia, a la gente. Pasó casi una hora, y en esto vemos que dobla el furgón de carabineros. La gente empezó a gritar, a silbar, y se bajaron tres carabineros, uno de ellos llevaba un fusil. Carlos estaba sentado en una subida de minusválidos tranquilamente, una niña se acerca a él, le pide su celular y llega carabineros. Lo rodean y queda solo uno con él. Le dije a mi hermana que iba a ir a ver qué pasaba para poder mediar, pero mi hermana me dijo no Eliana, acuérdate de tu hijo. Entonces empecé a grabar”.

“Carlos les ofreció su mochila, y se nota de lejos que él no tenía nada. Cuando me di cuenta que él se iba a parar, muy tranquilo, para que se lo llevaran, dejé de grabar. Me acerqué a la patrulla, y le pregunté al carabinero dónde se lo llevarían. Él me mostró unas molotov, y me dijo que Carlos las portaba. El carabinero ya las tenía, porque los otros fueron a buscarlas detrás de los arbustos, al costado de la Catedral como a diez metros de él. Todos vimos cómo las sacaban, no me fijé cuántas eran, en el minuto vi cuatro, no le presté mayor atención porque yo quería saber dónde se lo llevaban. Pensé que eran botellas de cervezas solamente. Cuando me dijeron que eran molotov, yo me impacté y le dije que él no tenía nada en su mochila. El carabinero hace un gesto para arriba, y me dice: lo hemos seguido todo el día”.

Cristian Rosales, estudiante de Medicina Veterinaria, es otro de los testigos que grabó un video, que la defensa mostró directamente a los magistrados de la Corte de Apelaciones en la audiencia que determinó la modificación de la cautelar. “Ese día fuimos con mi polola a la marcha. Pasamos por afuera de la Catedral, cuando viene doblando un auto de carabineros, ahí se bajan tres carabineros del Gope que vienen armados. Empiezan a caminar atrás de la cruz de la iglesia, pasan por esa galería, y van en dirección hacia Carlos. Había gente sentada que se para, por miedo a ellos porque venían todos encapuchados. Uno de los carabineros se para junto a Carlos y le pide que abra su mochila, entonces yo saco mi teléfono y hago una historia en Instagram. Los otros dos carabineros empezaron a revisar por el costado de la Catedral, donde hay pasto y duerme una persona indigente. Levantaron un cartón y empezaron a tomar botellas”, relata.

“En el video se escucha mi voz diciendo que tal vez iban a hacer un montaje, porque yo a la distancia que estaba podía ver botellas vacías; una tenía un poco de contenido y el carabinero como que bota el contenido, que me imagino era un poco de cerveza que le quedaba a la botella. Luego los dos carabineros tomaron las seis botellas. Mientras esto sucedía, a metros de distancia, el carabinero que estaba frente a Carlos le pedía que abriera su mochila, él se la muestra y se encoge de brazos sentado aún, porque ni siquiera se paró. Él estaba conversando con una niña, yo creo que por eso no se dio cuenta que venían los carabineros hacia él, porque ella estaba justo al frente. En el video se ve eso”. La chica le estaba pidiendo el celular a Carlos para hacer una llamada.

“Ese día el ambiente en la plaza era pacífico, todo tranquilo y familiar, hasta el momento no había ningún desmán. Fue tipo ocho de la tarde, todavía no oscurecía. Lo suben al furgón y él no pone resistencia. Si él hubiese hecho algo malo tal vez hubiese corrido, se hubiese ido, pero no, yo creo que nunca pensó lo que iban a hacer. La gente gritaba: déjenlo, estaba solo. Pero nadie fue a quitárselos”, recuerda Cristian Rosales.

Las críticas de la defensa

El defensor penal público, Antonio Guerra, explica que la formalización se basa en “los dichos de dos policías que habrían visto a Carlos con un paño azul en la mano impregnado en parafina, esconder elementos incendiarios o botellas en los arbustos, y que después de todo eso Carlos se retira del lugar. Ellos lo siguen, Carlos luego se sienta, a quince metros, y otros policías lo toman detenido. Eso es lo que tiene la policía, además dicen en la investigación que todo esto quedó registrado en las cámaras que ellos portaban”.

A tres semanas de la detención, el abogado asegura, tal como lo confirmó el asesor de Fiscalía, que “esos videos no constan en la carpeta de Carlos, no es que yo no los haya podido ver, es que no están en la carpeta fiscal. Esa fue la primera diligencia que pedí para tener una prueba objetiva, más que los dichos de los policías”.

Guerra hace hincapié en que Fiscalía no tiene ninguna prueba que relacione a Carlos con el presunto delito. “La detención se produce sin que Carlos tuviera nada en su poder. Los abogados, hablamos de las máximas de la experiencia: si uno manipula tal y como dijeron los carabineros un paño con bencina que ellos a metros debieron sentir que estaba con bencina, y la botella, qué es lo mínimo que se haría respecto a una persona para acreditar que estaba portando hidrocarburo; tomar muestras para ver si efectivamente lo tenía, y eventualmente a la ropa, porque la bencina es pasosa. A Carlos no le hicieron ningún examen corporal respecto de sus manos, tampoco se incautó respecto de él su ropa, ni se le incautaron a él las botellas. Entonces no tienen antecedentes para acreditar que en algún minuto portó esas especies”, cuestiona.

“El fiscal tiene que acreditar, me tiene que traer los videos, no están, me tiene que acreditar que Carlos estaba con olor a parafina o bencina, no lo tiene, que su ropa estaba con olor a parafina o bencina, tampoco, que Carlos es un peligro para la sociedad, también me lo tiene que acreditar. Carlos no tiene ningún antecedente penal, jamás en su vida había estado en Sename, o había pasado por el calvario que lleva pasando más de tres semanas, este niño nunca ha sido institucionalizado. Es un niño que está en cuarto medio, terminando su enseñanza media, con la posibilidad de beca Presidente de la República, y su polola está esperando familia”, explica.

Guerra recalca que “un día de encierro para una persona inocente es una afectación de la garantía brutal y obviamente él va a quedar con una secuela sicológica. Nosotros llevamos nuevos antecedentes en la última audiencia-del 6 de noviembre-, y qué pasó, que el juez de garantía respecto de esos antecedentes no se pronunció, es decir, Carlos ha estado preso sin saber por qué un juez de la República no tomó en consideración los nuevos antecedentes que llevamos; que eran tres testigos, un informe criminalístico y un informe psicológico y social”.

Los días de encierro

Medallas de Carlos Concha
Más de 20 medallas, obtenidas a lo largo de su vida, cuelgan al costado de una ventana en la habitación de Carlos.

7 de noviembre. El juzgado hace un día rechazó la apelación de prisión preventiva. Yéssica Vergara, madre de Carlos, llora afuera de la cárcel mientras espera su turno de visita. Ella está cesante desde agosto por lo que su familia vive con el sueldo de su marido, quien trabaja en una línea de colectivos y arbitra partidos de fútbol amateur el fin de semana. Tienen dos hijos además de Carlos.

“Mi hijo es un niño tranquilo, no es falta de respeto ni atrevido, ayuda en todo lo que puede, es un joven deportista que va a ser papá. Mi hijo no sabe de política. Nosotros tampoco somos de izquierda o de derecha, solo cumplíamos la función de ciudadano de ir votar. En la casa solo hablamos de futbol. Él ni siquiera sabía lo que era una molotov”, dice Yéssica.

La habitación de Carlos está adornada por medallas de fútbol, hay más de 25, por chuteadores, un diploma de honor de los años en que estuvo en las inferiores de Huachipato y una hoja donde sus compañeros lo describen. Fue en una actividad de orientación en el liceo. El papel dice: “Eres una excelente persona”; “Serás un gran padre para tu hijo y cumplirás todas tus metas”; “Tu hijo tendrá un gran padre”, entre otros escritos.

Yéssica vende bolsos de pan que hace con su máquina de coser, lo hace para comprar lo que Carlos pueda necesitar dentro de la cárcel. Dice que su vida ha sido difícil, que ella dejó de estudiar en séptimo básico. A fines del año pasado sufrió una aneurisma que la dejó varios meses hospitalizada. “Carlitos fue mi principal apoyo, jamás dejó un día de ir a verme”. Asegura que ella nunca asistiría a una manifestación, que solamente lo haría para protestar por el caso de su hijo. “Pero no tengo tiempo, porque tengo que terminar estos bolsitos”, explica.

“Me gustaría que la gente supiera que mi hijo no es un mal chico, que no es un terrorista. Él me pide que tenga paciencia, pero los primeros días él estaba muy asustado, tiritaba. Mi hijo nunca había pasado por esto”, enfatiza. Ella recuerda que si Carlos estuviese en libertad estaría jugando al fútbol con su Club Vicuña Mackenna. “La idea de él era ser árbitro, hizo el curso hace poco y le salió todo bien, tiene su cartón. En la cárcel está muy mal porque no puede salir a jugar. Mi hijo pasará cuatro meses amargos por algo que no hizo”, dice.

Es domingo por la mañana, y en el Vicuña Mackenna juega la serie adulta, a la que Carlos había ascendido este año, contra el Club Atlanta. “Yo lo dirigí en la serie sub14. Él siempre ha sido un niño tranquilo, comparte con nosotros, nunca ha estado metido en problemas. Lo que pasó ese día nos extraña, no entendemos que la justicia haya tomado una decisión tan drástica sin ni siquiera hacer averiguaciones. Es lamentable para nosotros”, dice Cristian Rodríguez, tesorero del club.

“A él le encanta el deporte y se destaca en eso, siempre está en la cancha, nunca lo hemos visto en problemas de peleas o mal comportamiento. Su sueño era ser futbolista, él reunía hartas condiciones, pero a veces hay cosas que van pasando en la vida y se fue decayendo un poco en eso, el porte le perjudicó, Carlitos mide 1.65, es bajito. Pero ahora veo que está con el tema del arbitraje e involucrándose más en eso”, detalla.

Su actual entrenador y presidente del Vicuña Mackenna, Claudio Pino, conocido como el tío Like y que lleva 50 años en el club, lo conoce desde los siete años. “Para mí es un niño tranquilo, el único vicio que tiene es el fútbol. Yo he tenido la suerte de ver a Carlitos desde la serie sub12, hasta ahora que pasó a adultos. Yo lo iba a buscar y a dejar a la casa, él comparte con nosotros, los mayores, siendo que es un niño joven. Siempre anda con su mochilita para todos lados”, sostiene.

“Ahora estaba terminando sus estudios, se iba a recibir de eléctrico, iba a ser papá luego también, entonces me cuesta mucho creer que haya estado involucrado en alguna cosa, yo creo en su inocencia y por eso lo estamos apoyando en el club”, dice.

Sobre su desempeño, relata que “se lo querían llevar para otros clubes porque tenía hartas condiciones, pero nunca se ha querido ir porque lo hemos motivado a que siga con nosotros. Yo a Carlitos le regalaba chuteadores a veces y lo hacía porque se lo merecía. Él jugaba de delantero, se hacía cuatro a cinco goles en la serie. Jamás habló de política, solo de fútbol”.

“Yo lo mandé al curso de árbitro en el Estadio Nelson Oyarzún. Tenía que elegir a tres personas, y lo escogí a él. Los partidos amistosos los arbitraba él, incluso me expulsó un día”, cuenta.

Su estadía en el centro penitenciario generó un rechazo social que que se expresó a través de diversas manifestaciones, desde un graffiti en las las murallas que dice «libertad para Carlos Concha» hasta la unión de las hinchadas de Colo Colo y Universidad de Chile en las afueras de la cárcel, expresando apoyo para Carlos. 

La Mesa de Unidad Social de Ñuble, encabezada por la abogada María Elena Hellman y la presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad del Bío Bío, Catalina Crisóstomo, organizó una visita durante los días de presidio. Tras la reunión, las representantes emplazaron al intendente Martín Arrau y aseguraron que Carlos era «un chivo expiatorio».

Junto a ello, en diversas marchas se podía escuchar gritos de apoyo para Carlos y se organizó más de una concentración en la plaza San Francisco, que queda justo frente a la cárcel, donde exigían libertad para Carlos. Todas muestras que él conoció.

En casa y sin libertad

El 14 de noviembre, después de tres semanas en prisión preventiva, la Corte de Apelaciones cambió la cautelar por arresto domiciliario, reconociendo que de acuerdo a los antecedentes de Carlos, la prisión preventiva no correspondía.  “Es dable indicar que en la audiencia de revisión respectiva se acompañaron informes psicológico, social y educacional del imputado, que dan cuenta que se trata de un joven que actualmente cursa cuarto medio en un liceo técnico profesional, con arraigo social y familiar, y teniendo presente que tiene irreprochable conducta anterior, hace que, no concurra el presupuesto del articulo 140 en su letra C del Código Procesal Penal, razón por la cual la medida cautelar de prisión preventiva será sustituida por una menos gravosa, esta es, la de arresto domiciliario total”, concluyó la Corte de Apelaciones.

carlos concha y sus padres - La garza revista
Carlos Concha hablando con los medios tras su salida de la cárcel. Detrás, su mamá y su papá, quienes esperaron ansiosos a su hijo.

Carlos salió esa tarde de la cárcel abrazando a sus padres y a su polola. Dijo que se había refugiado en Dios, que no culpaba a Carabineros porque solo se habían equivocado de persona y pidió que mostraran los videos con las grabaciones que según el testimonio de carabineros lo inculpaban.

Ese día Carlos vestía camisa y pantalón. Ya en su casa, sin poder ir a jugar fútbol, ni acompañar a su polola a los controles de su hijo o realizar su práctica, reitera las palabras que dijo el día que salió de la cárcel, pero ahora las endurece. “Si yo hubiese estado vestido como cuando salí de la cárcel no me hubiesen detenido, se fijaron en mi apariencia. Por mí que los carabineros muestren el video ese en que salgo yo supuestamente, yo se lo dije al abogado, pídanselo antes que lo borren, pero nunca apareció el video, quién pide un video siendo culpable”, cuestiona. El día de la detención estaba vestido con un buzo negro. Ya no se siente tan conforme. “Debería haber quedado libre el mismo día que me detuvieron”, enfatiza.

“No estoy tranquilo porque tengo que hacer muchas cosas todavía, tengo que hacer mi práctica, estudiar, ver los temas de mi hijo. En la gala no voy a poder estar, ni en el paseo de fin de año, me van a quitar etapas que solamente se pueden hacer una vez en la vida”, reclama. Sus compañeros fueron hasta la casa de Carlos para tomar la foto de fin de año, para que él pudiese estar presente. La tomaron en el antejardín.  

Carlos dice que su paso por la cárcel lo hizo valorar más a sus seres queridos, y pese a no sentir rencor, asegura que estar en la cárcel le afectó. “Todas las noches me daban una pastilla para dormir, Clonazepam, pero al final no me hacía nada. El médico me lo recetó porque yo le dije que no podía dormir en las noches y me dijeron: ya, tómate un Clonazepam. Una vez me sirvió nada más porque dormí bien, los otros días nunca más me sirvió, yo les decía a los gendarmes que eso no me hacía nada, yo me las tomaba, pero no dormía”.

“Estar en un cuadrado de 3×3, en el que no se puede hacer nada, es muy incómodo. No estaba todo el día ahí, como a las 5 de la tarde nos entraban, y hasta las 9 de la mañana estaba ahí metido. Cuando uno quiere ir al baño lo único que puede hacer es orinar en un tarro”, explica.

“Pasar todo lo que yo tuve que pasar fue difícil, porque nunca me habían detenido, nunca había estado con esposas en las manos y en los pies, nunca se me marcaron las manos con eso y en ese momento pensé rasguñar las paredes con las mismas esposas”, recuerda.  

Carlos sabe que la Intendencia de Ñuble interpuso una querella en su contra. “Yo sé que tarde o temprano voy a estar libre, claro que esto no va a pasar desapercibido en mi vida, el daño fue para mí. Ahora el intendente puede estar comiendo con su familia tranquilo mientras yo estoy aquí adentro sin poder avanzar en mis cosas. Debería haberse dado el tiempo de conocerme a mí y a mi familia”, reclama.

Sabe que los planes que tenía ya no se concretaron. Que tener un trabajo antes del nacimiento de su hijo ya no es posible porque aún faltan casi tres meses para que finalice la investigación. “Era el plan, porque ya no se hizo. Ahora mi plan es que tengo que trabajar en febrero nada más, y perderme todas las vacaciones, porque ahora me las estoy perdiendo porque estoy adentro de la casa, no salgo con mi familia, ni siquiera a la esquina”, dice.

Y sobre su sueño del fútbol y el arbitraje profesional, no se rinde. “Necesitaba un título profesional para ser árbitro, tengo que estudiar y hacer el curso para ser árbitro profesional. Mi plan es entrar a la Escuela de Gendarmería con el propósito de tener una profesión y poder ser árbitro, y si eso no resulta seguir estudiando, pero siempre con el objetivo de ser árbitro profesional”, sueña.

Sobre las manifestaciones declara que “ya no me interesan, no quiero meterme en nada, ya es mucho los comentarios que hay de mí, que estoy metido en algo político, terrorista, qué sé yo de la política, no sé ni lo que está pasando”, dice.

Y asegura: “Voy a conversar con mi abogado para que me dejen ver el nacimiento de mi hijo, es lo mínimo que pueden hacer, porque después verán que soy inocente y que me castigaron sin ver el nacimiento de mi hijo, sin estar con mis compañeros, sin ni siquiera salir a la esquina. No puedo acompañar a mi polola a sus controles, tiene que ir mi mamá o mi suegra y no puedo ir yo. Lo que más me dijeron los doctores es que siempre esté al lado de ella y de mi hijo para que él sepa que me preocupo”, reflexiona.

“He pensado en una contrademanda, yo por mí no lo haría, pero es que está tan mal la justicia en Chile y todo lo que me hicieron a mí. De alguna manera tienen que pagar lo que me hicieron, cuando me esposaron, no sé qué quisieron demostrar con eso, yo creo que me quisieron tratar de delincuente, me hicieron mucho daño sicológico. Lo único que pensé es que menos mal que mi hijo no ha nacido, que no está todavía en el mundo, porque si él lo hubiera visto, yo ahí no sé qué hubiera hecho”.

En su pieza, con sus medallas, sus trofeos, sin salir a la cancha, Carlos en su mente, siempre piensa en fútbol. “Independiente de que esté jugando al arco o de defensa, lo disfruto, me distrae, porque ahí todo se me olvida”.