Gloria Moraga La Garza Revista Entrevista

Gloria Moraga, manifestante que perdió su ojo por presunta agresión de Carabineros en las protestas

“Fui a marchar porque era importante para mí luchar por nuestros derechos”

Por Nicole Contreras

Apunto de jubilar y ya en casa, asegura que no se arrepiente de asistir a la manifestación pacífica del 20 de octubre. Abanderada por la dignidad, explica su hipótesis sobre una posible responsabilidad que la policía tendría en su accidente y analiza las causas del estallido social.

La última imagen que Gloria Moraga (59) observó con ambos ojos fue la de un grupo de carabineros arrastrando a un joven por la calle, cuyos pantalones se habían deslizado casi hasta sus rodillas, a la altura de la Plaza de Armas. Era el segundo día de manifestaciones en Chillán y Gloria ya se había puesto sus guantes y lentes de ciclista para regresar a su casa, pues siempre se transportaba en bicicleta. Sin embargo, esa imagen la detuvo. “Lo último que vi fue a este chico semidesnudo, yo quise ir a subirle los pantalones por una cosa de dignidad. Les iba a decir a los carabineros que si se lo llevaban detenido al menos me dejaran subir sus pantalones, que lo hicieran con sus pantalones arriba, con dignidad”, recuerda. En el trayecto hacia carabineros, sintió un impacto en su cara. No perdió el conocimiento de inmediato, tocó el lado derecho de su rostro y se dio cuenta que todo era sangre.

Gloria es una de las más de 200 personas que,  desde el inicio del estallido social en Chile, han sufrido algún daño ocular por el uso de balines de goma por parte de Carabineros y es la única en Ñuble. Pero, en su caso, la Fiscalía Local de Chillán aún busca confirmar si también es responsabilidad de uniformados. A un mes de que perdiera la visión de su ojo derecho, mira con el izquierdo su biblioteca, donde ha ido coleccionando sus libros favoritos, ya que leer era uno de sus pasatiempos. Entre ellos están las novelas de Isabel Allende, “La Historia Secreta de Chile” de Jorge Baradit y “Doña Lucía” de la periodista Alejandra Matus. Dice que la lectura ha sido su principal forma de educarse. En esta entrevista, a dos semanas de su alta médica, hablará de lo ocurrido ese 20 de octubre, de sus ideales, de las dificultades a las que tendrá que adaptarse, pero por sobre todo, explica qué la motivó a sumarse a las manifestaciones de ese día: la lucha por la dignidad.

¿Qué la llevó a manifestarse ese 20 de octubre?

– Yo siempre he estado en la calle, desde HidroAysén, cuando trabajaba en Santiago y llamaban a manifestarse para oponerse a las represas. Iba con mi hermana y unas amigas. También en la Revolución Pingüina, acompañada de mi cartel que decía “El CORFO es ladrón”. Mi hijo es profesor, tiene 35 años y está pagando un crédito CORFO hace casi 15. Él entró a estudiar a la Universidad La República, la que se armó en San Carlos como un fantasma. Cuando fuimos a ver dónde estaba con mi pareja, no existía la Universidad, era un estadio. Fuimos en marzo, armaron puros containeres y les hicieron clases. Eso duró un año y medio. Después la República quebró y la tomó la Pedro de Valdivia. Yo pagué dos años al contado, porque trabajaba en Santiago, de nana. Me alcanzaba para pagar eso y mi pareja se encargaba de los gastos de la casa. Después nos vimos en la situación que había que pedir crédito porque no me alcanzaba. Trabajé muchos años puertas adentro en Santiago, tuve que hacer muchos sacrificios para darle educación a mi hijo. Él pagará hasta el 2021, ya ha pagado como cuatro veces la carrera, porque valía 130 mil la mensualidad y su cuota es de $90 mil. Él lo paga, pero si deja de hacerlo yo soy la deudora, a mí me pueden embargar. Es un peligro, porque qué pasaría si él queda sin trabajo.

¿Qué importancia les da a las manifestaciones?

– Siempre he marchado porque considero que la revolución está en la calle, no en la casa, uno no puede estar en la casa pensando que las cosas van a cambiar, uno tiene que marcar la diferencia en la calle. Desde que volví a mi Chillán hace cinco años he ido a todas las marchas: NO+AFP, TTP11, por la educación. Yo no tengo partido político definido, no milito en ninguno, pero pertenezco a un grupo de mujeres de oposición. Soy independiente, de libre pensar.

¿Qué pensó al ver a los estudiantes saltando los torniquetes del metro?

– Que lo hacían por un abuso. Los cabros se atrevieron a hacer lo que nadie hizo, ellos tuvieron la fuerza para romper el esquema de que nos suben cuando quieren, sin pensar en los bolsillos de los padres, sin pensar en los chicos que están en la calle que van al colegio de lejos, porque al Instituto Nacional viene gente de lejos, yo tengo sobrinos que viajan de San Bernardo a estudiar al Instituto Nacional, porque es buen colegio y les abre la mente. Eso no los hace revolucionarios.

¿Usted asistió a las marchas del día 19?

– No, no fui porque me salió un pituto de ir a cocinar. Me habría encantado, pero no pude ir porque me desocupé súper tarde, llegué a la casa como a las 10 de la noche. Mis amigas me contaron que también tiraron bombas lacrimógenas, una de ellas llegó asfixiada a la casa, pero yo las invité a tomar una sangría ese día en la noche. Aquí estuvimos como hasta las 2 de la mañana conversando. Reflexionamos sobre que esto es un abuso, que estaba bueno ya, si Chile no se rebela, van a seguir los abusos eternos, de todos los partidos, no solamente de derecha, porque los demás qué hicieron: apoyaron el libre mercado que nos dejó sin agua, sin carreteras. En España tengo amigos, allá las carreteras también fueron concesionadas, pero por diez años, no eternas.

¿Siempre tuvo estas convicciones?

– Siempre, porque mi mamá estuvo en la JAP (Juntas de Abastecimiento y Control de Precios), no era militante de ningún partido, pero apoyábamos a Allende. Mi papá era un agricultor, y se sentía pasado a llevar, no sabía ni leer ni escribir. Mi madre sí era más educada, por eso se leía mucho en mi casa, todos los días ella encargaba el diario porque tenía un negocio. El diario llegaba con la bolsa del pan, en ese tiempo era más independiente porque traía muchas noticias de Allende, de lo que estaba pasando.  Yo tenía 10 años, pero recuerdo que mamá nos hacía leer el diario a todos. Leíamos una noticia mientras ella estaba cocinando. De niña fui pensando que uno tiene que tener la mente abierta, no tiene que dejar que otro le ponga el pie encima. Si tienes la razón y fundamentos, hay que pelear por ese fundamento, por la dignidad.

Siempre luchó por la dignidad…

– Claro. La primera vez que fueron a marchar las nanas, antes de la ley de trabajadoras de casa particular que hizo Bachelet, yo también participé. Fuimos a marchar arriba, en Apoquindo, donde está la élite. Por qué un trabajo tiene que ser indigno. Si uno se gana la plata honrada, también tiene que ser con dignidad. Me acuerdo una vez después de que se promulgó esta ley, que decía que no podían llevar a las nanas con uniforme a pasear o a comprar, yo andaba en el mall más caro de Santiago mostrándoselo a una sobrina, y de repente en una heladería vi a una mujer con su nana vestida de uniforme. Yo me acerqué y le pregunté por qué estaba con uniforme si está prohibido. Le dije: si te sacan con los niños a comerte un helado, tú tienes la opción de ponerte la ropa de color que tú quieras, ¿por qué tienes que mostrarle a todo el mundo que eres nana? La chica se puso nerviosa y salió la patrona a pedir perdón. Yo le dije que la humillaba, que mirara a todos cómo estaban vestidos y ella era la única con uniforme. Le dije que había una ley que debía esperarla a que se cambiara de ropa antes de salir.

Entonces, ese día domingo fue a manifestarse con sus amigas…

– Sí, yo llegué un poco tarde, a las 4.30, porque yo soy… era ciclista, me va a costar retomarlo. Andaba en bicicleta para todos lados, yo decía que era mi Mercedes Benz con mi gorrito, mi casco, mis guantes y mis lentes, porque me habían atropellado varias veces. Mi bicicleta quedó amarrada en el Paseo Arauco cuando me pasó esto, porque la había dejado ahí. Llegué y en el camino me encontré con Elizabeth Ferrada, del Colegio de Profesores, y llegamos a la manifestación, después nos encontramos con otras amigas. La marcha decidió avanzar hacia la Plaza de Armas, se fue sumando mucha más gente. Estábamos tranquilos, conversando, era todo familiar; coches, señoras con mascotas. Me encontré con una expolola de mi hijo y con Cristian Quiroz. Estábamos sentados en la plaza y de repente, yo no sé quién empezó, si los chicos que tiraron piedras o los carabineros, no tengo idea, pero comenzaron a lanzar bombas lacrimógenas como desaforados.  Todos arrancamos. Regresamos a la Intendencia de nuevo. Con una señora estuvimos quitándoles las piedras a los chicos, les decíamos que era una manifestación pacífica. Otra vez bombas y salimos arrancando de nuevo. Poco tiempo después decidí que era hora de irme, me puse la parca, mis guantes de bicicleta y caminé por la orilla de la pileta. De repente veo que los carabineros traen a un cabro arrastrándolo desde la Plaza a la Intendencia y venía con los pantalones abajo, pensé que como yo me estaba yendo pediría antes si podía subir sus pantalones. Venían a la rastra con él, y dos tirando bombas lacrimógenas. En una fracción de segundo, yo sentí que cuando quise ayudar a este niño choqué con un carabinero, me dolía un poco el hombro. Sentí luego el impacto. Yo pensé que era la boca, me meto la mano, sangre, la paso para arriba y lleno de sangre mi guante, pero no perdí la conciencia. Me miro mi lente de bicicleta explotado, y ahí me desmayo. Lo último que vi fui a este chico que lo traían medio desnudo, yo quise ir a subirle los pantalones por una cosa de dignidad.

¿Tiene alguna hipótesis?

– No. Yo tuve algunos momentos de lucidez. Cuando llegamos al hospital, esa parte no me acuerdo. Después me veo adentro de la asistencia pública, que me están limpiando la herida.

¿Cuándo se da cuenta de que había perdido su ojo?

– Cuando siento que me llevan a una oficina más privada dentro del hospital. Estaba en la camilla con mi hijo y el doctor le dice: tu mamá perdió el ojo, pérdida total, mañana la operamos para reconstruir algo, pero el ojo está perdido. Yo no lo asumí. El doctor San Martín se lo dijo crudamente a mi hijo desde el escritorio. Yo pensaba que me iban a limpiar y que seguiría viendo. Yo le tomo la mano a mi hijo para darle fuerza. Pero estaba escrito.

¿Se arrepiente de haber ido a la manifestación?

– No, sinceramente no. Estoy herida, nunca más voy a volver a tener un ojo, a lo mejor una prótesis en el futuro si se dan las cosas, pero no me arrepiento. Sí lo siento por los cabros jóvenes que les pasó lo mismo, eso me duele. Yo estoy a punto de jubilar, tengo 59 años, pero esos jóvenes que tienen 18, 20 años, a ellos les arruinaron la vida, volver a enfrentarse al mundo sin un ojo, o sin los dos ojos, qué horrible. Yo estoy en la lista, pero lo siento más por ellos que por mí. Fui a marchar porque era importante para mí luchar por los derechos y hacer presencia por mi hijo. Él no va a las marchas, después de esto comenzó a ir, con mis nietos y su pareja. A él le duele verme así, porque siempre me ha visto guerrera.

¿Qué piensa sobre la violencia, de la que se acusa a Carabineros, que ha ocasionado que más de 200 personas tengan daño ocular a raíz de las manifestaciones?

– Yo creo que esta es una orden de arriba, del Estado, cómo los carabineros disparan a los ojos, si se supone que disparan de la cintura para abajo, por qué tantos jóvenes, puede haber un caso, cinco casos, pero más de 200 no es lógico. Se hizo una norma dispararle perdigones y balines en los ojos a los cabros, lo encuentro terrible. En qué minuto les dieron ese poder de aplastar a la gente. Yo estuve en la Revolución Pingüina y no se trataba así, ahora les pegan a los jóvenes por salir a la calle. Hay una violencia sistemática, además el general les da chipe libre, dice que no importa lo que hagan, que los apoyará sí o sí.

Usted va a jubilar por AFP pronto… ¿qué pensión va a recibir?

– Me llegó una carta, 110 mil pesos, esa va a ser mi pensión hasta que me dure la plata. Tengo como 13 millones de pesos ahorrados, o sea si vivo más de 90 años no alcanzo.

¿Qué le pareció el 20% de aumento anunciado por el presidente?

– Una burla, ¿qué haces con 20 mil pesos? Si el pan vale 1500, si los abuelitos pagan pasaje igual, los remedios. Yo cuidaba una señora hasta septiembre, ella tenía una buena pensión, de ferrocarriles, yo le decía que era privilegiada porque ganaba 300 y tanto, pero gastaba todo en remedios.

¿Cuándo se dio cuenta de que la vida era injusta?

– Desde niña. Yo no tengo partido, pero jamás voy a ser de derecha, porque tengo la convicción de mis padres. Mi padre era mediero, recibía una vez al año el dinero, porque sembraba a medias con los grandes dueños de los fundos. Le daban las tierras más malas para sembrar, mi papá se sacaba la mugre todo el año, con caballo arando la tierra para recibir una miseria, porque la mitad de la cosecha era para el patrón, que no había invertido más que la pura tierra. Me acuerdo que nosotros no teníamos navidades ni año nuevo porque justo tocaba arrancar lentejas en esa fecha y teníamos que ayudar. Mi papá hacía mingas y ponía un letrero en el almacén, para que la gente le ayudara a cosechar a cambio de desayuno, almuerzo y comida, y unos kilos de lentejas. Yo tenía que cuidar ovejas. Cuando mi papá quiso comprar una parcela tuvimos que vender todos los muebles de nuestra casa. Era el sueño de mis padres, ellos tuvieron una vida muy sacrificada, nunca disfrutaron de nada.

¿Qué opina del programa que anunció el ministro Mañalich para personas con daño ocular a raíz de estas manifestaciones?

– Están viendo que yo esté también integrada a ese programa, porque yo tengo un mal diagnóstico. En el Hospital, el doctor San Martín puso que había sido una piedra, no puso ni siquiera objeto extraño, nada, porque me encontró restos de piedra. Pero yo estoy lúcida cuando antes de entrar al quirófano, había otro doctor que me dice, me acuerdo perfecto de eso: “esto no es piedra, porque te habría roto todo”.  Una piedra me rompe los huesos, yo no tengo huesos rotos, ni siquiera el tabique de la nariz.

Lo que la hace pensar que podría haber sido un balín de carabineros…

– Claro, pero según el doctor San Martín, me encontró restos de piedra y se basó más en eso, así está en el informe. Yo lo que pretendo ahora es que comparen ese diagnóstico con todos lo que están en Santiago para saber cómo llegaron los jóvenes con trauma ocular, porque yo soy la única aquí, entonces en Chillán no hay experiencia de eso. Yo me vine de alta sin hora médica, tuve que buscarme por las mías una hora y yo todavía tengo puntos, entonces estuve diez días en mi casa sin atención médica.

¿Cómo la ha afectado este accidente laboralmente?

– Yo, trabajo estable en este último tiempo no he tenido. Cuidaba a un adulto mayor, hago aseo en casa también. Cuando sucedió todo esto yo estaba lista para trabajar en Alifrut, porque había sido seleccionada e iba a tener trabajo por dos meses. Ahora no se va a poder cumplir eso, eran dos meses seguros de trabajo, no era malo, $320 mil pesos, pero con horario para llegar a casa a las 5 de la tarde, una hora prudente. Eso ya se frustró. Hace dos años trabajaba en un restaurant, pero ya no pude encontrar más trabajo como ayudante de cocina.

¿Cómo proyecta su vida?

– Mi pareja está pensando reunir a mi familia y que todos me ayuden un poco para solventar esto, porque tampoco él puede solo, hasta el momento ha podido, pero es una persona mayor que yo, jubiló con una mala pensión y tiene que seguir trabajando y ya tiene 70 años. Me dice que mientras esté sano a mí no me va a faltar nada, pero no sabemos qué puede pasar. Ahora estoy con sicólogo, porque la Fiscalía me puso en tratamiento psicológico. Pero estando bien, si siguen las marchas ahí voy a estar. No para que la gente me vea como una líder de esto, sino con mi pensamiento que no cambia. Me dicen que ese pensamiento me llevó a esto, yo digo mala suerte nada más, estaba escrito. También me es difícil leer, yo soy muy buena lectora, para mi último cumpleaños pedí que me regalaran solo libros. Yo no tengo mucha educación, pero leo mucho, porque la educación no la dan solo en los colegios. Lo que siento mucho es que tal vez no voy a poder andar en bicicleta nunca más, yo salía con mi perra, la llevaba con su correa e íbamos al Parque Lantaño. Pero todo se puede, lo intentaré.